viernes, 16 de octubre de 2009

La construcción de un (segundo) nombre


Las hinchadas de todo el mundo jamás lo corearon. Pero sí hay que reconocer que cuando acompaña al primer nombre y al más que reconocido apellido, aporta una musicalidad en suspenso -prestada del gerundio- que lo hace inolvidable: Diego ARMANDO Maradona.

De los extremos que salen de esta denominación sólo voy a decir que con pronunciar “Diego” uno ya sabe inmediatamente de quién se habla, como un hipervínculo de alta velocidad en el cerebro. Lo siento por grandes actores como Peretti, Reinhold o Capusotto. Me lamento, también, por los personajes De la Vega y De Zama; televisivo uno, novelístico el otro. Diego es sinónimo de “Maradona”, tanto como ese apellido lo es de Argentina en el exterior. ¿Alguien se atrevería a negarlo? Hace un tiempo tenía la incomprobable teoría de que un futbolero cualquiera pronuncia “Maradona” al menos una vez por día. Eso, multiplicado por millones, “ojearía” hasta el más pintado.

“Señores, yo estoy cantando/lo que se cifra en el nombre” se excusaba Borges al describir al compadrito porteño Jacinto Chiclana. Es que Maradona consiguió lo que a muchos no les alcanza una vida completa: que tu propio nombre sea un símbolo, un emblema más allá de todo. Sin embargo, “el 10” logró esta cima de manera meteórica en su juventud a fuerza de genialidad con la pelota y coraje en la cancha.

Desde entonces, Diego tiene un propósito secreto, un desafío oscuro y arduo: llenar de significado su segundo nombre, cuando el primero aturde toda posibilidad. Por lo tanto, el futbolista más grande de la historia viene construyendo, “armando” desde hace años otra figura de humedad corrosiva que, poco a poco, ha venido carcomiendo los cimientos del héroe del ’86, del vengador de la piratería inglesa, del que se enfrentó a los poderosos con el descaro de una gambeta.

Por eso hemos visto con asombro a Diego armando escándalos por sus adicciones, a Diego armando revuelos con un rifle ante fotógrafos, a Diego armando odios al despreciar a un supuesto hijo extramatrimonial, a Diego armando lobbies para ser director técnico de la Selección (“Soy el último en las encuentas, aunque primero en el corazón de la gente”, dijo). Como así también hemos presenciado, sin decir esta boca es mía, los ataques más furiosos y traperos a su persona, cómo la televisión le escarbó los ojos por un punto más de rating durante sus internaciones, el modo en que los “amigos de la fama” se acercaron a la “Factoría Maradona” con el claro objetivo de lucrar con el falso cariño y la adulación.

¿Debería sorprendernos, entonces, su última “construcción”? Porque luego de tantas dudas y resultados negativos, el equipo nacional había logrado clasificar al Mundial 2010 con un triunfo de visitante y sin depender de resultados ajenos. Sólo cabía el festejo externo y, luego, acudir a la reflexión interna para empezar las mejoras.

Por lo tanto es allí donde Maradona (no Diego, sino Armando) insultó reiteradamente, con un revanchismo pocas veces visto, a todos los periodistas argentinos que lo habían criticado ante los ojos del orbe futbolístico y del otro. Armando vs. Diego. Mister Hyde que hostiga con sus pasiones desenfrenadas al correcto y civilizado doctor Jekyll, al que todos –desde nuestras frustraciones- quisiéramos que Maradona se pareciera.

¿Seguiremos, como sociedad, armando ilusiones triunfalistas con la hipocresía como bandera? Tan tangueros que somos y la queja nos queda cada vez más grande.

12 comentarios:

Proyecto María Castaña dijo...

Coincido en todo, señor ensayista. Lo que construye Armando y lo que
"armamos" nosotros, argentinos, con y a costa de su figura, es basura desde principios de los '90. Él y nosotros -periodistas triunfalistas, escandalizadas amas de casa que nunca escucharon que el verbo chupar no solo se refería a los borrachos, sabelotodos del fútbol, jóvenes bonitas, niños ilusionados, viejos amargos-, repito, él y nosotros, somos Hyde ante el espejo preparándonos con el bastón para salir a la calle a cometer un horrible crimen.

Proyecto María Castaña dijo...

Ah, Capusotto es Capusotto y no necesita más que el apellido para ser el genio que es. Y el zorro es el zorro, ese rimbombante nombre español no aporta nada al valiente del antifaz.

Hernán Schillagi dijo...

Paula: lo de señor y ensayista me queda grande, grande.

Qué bueno que recordés el episodio de los bastonazos de Mr. Hide al anciano, como también me aterro al recordar la pisoteada que le hace a una niña. ¡Pobre niña, el periodismo argentino! Son los más maleducados del universo y se hacen los escandalizados.

Obviamente que jamás podría justificar y aceptar las "formas" groseras e irrespetuosas conque Maradona (si le sacás una "a" al apellido se forma perfectamente, con el resto de las letras, "armando") se dirigió a la prensa deportiva.

Los que lo queremos bien y le deseamos lo mejor, nos apena mucho que no haya aprovechado el triunfo indiscutible contra Uruguay para legitimarse como técnico (¿acaso no hay 40 millones de técnicos en Argentina?).

Pero es que soy un iluso. Vos sabés que hay mucha gente que se ha "indignado" porque se le hizo hoy un acto de homenaje a Mercedes Sosa en todas las escuelas de Mendoza. "Gorda montonera", "Negra comunista", "Dicen que no era tan generosa", "Se escapó del país por pone-bombas"; todas esas atrocidades injuriosas he tenido que escuchar sobre una persona de trayectoria intachable y recién fallecida.

¿Para cuándo un poco de piedad? ¿Para cuándo la viga en el ojo propio?

Hernán Schillagi dijo...

Cómo será que Capusotto se pone "Peter" adelante y sigue siendo él siempre. Pero para las nuevas generaciones su "Diego" no existe. ¿Sabrá que "Peter" es por el guionista Pedro Saborido?

Y el zorro, es "Diego" cuando no es un héroe.

Antonella Restiffo dijo...
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Proyecto María Castaña dijo...

Sobre la negra, por suerte viajé al campo hoy, si hubo acto no me enteré y no compartí el recreo porque estaba en la biblioteca pidiendo tres ejemplares de CEREMONIA SECRETA que en Las Catitas ni saben que tienen pero en la Capdevila valen oro para mis alumnos. Volviendo a Mercedes, el sábado a mediodía pasé por donde se tiraban las cenizas, había una mugre y cantidad de yuyos en ese tramo del Cacique Guaymallén que ni te cuento. Muni de Capital, de Guaymallén e Irrigación hicieron la de Poncio Pilatos. Los garcas del gremio más que mirarse la viga en el ojo propio tendrían que tragarse un pilar como el primer amo del Lazarillo.
Como dice Armando "..." y sigamos escuchando una y otra vez CANTORA.

Cecilia Restiffo dijo...

Hernán: ADHIERO fervientemente a tu texto, no puedo opinar mucho más porque mi amor incondicional al mayor "poeta futbolístico que ha existido jamás",me nubla todo entendimiento. No avalo "las formas" en las que Diego se expresó, pero tampoco me parece que haya tanto más para hablar, fue un exabrupto, que lo sancione la FIFA, punto.
Ojalá que la caterva de periodistas LADRIS que cobran un sueldo por conjeturar sobre dichos y fuentes dudosas, puedan comprender que con el paso del tiempo, dentro de la cultura de este país nadie podrá borrar: las pinceladas de esa gambeta mágica, la fuerza de esos ojos arrolladores que se comen al mundo con tanta pasión,el recorrido de esas manos que son alas, la samba espasmódica de esa cintura que ondula el aire hasta volverlo loco...ojalá que alguna vez se den cuenta que nadie podrá borrar esa cadencia que da el gerundio cuando se mueve en una cancha, cuando se dice "su nombre todo".

Hernán Schillagi dijo...

Cecilia: tal vez sea, también, la "alegría que nos dio (y nos da) a nuestro corazón", parafraseando a Fito; lo que nos hace seguir viéndolo y queriéndolo.

Hay una verdad que Paula deslizó: su carrera se terminó en los 90. Para todos, en el Mundial 94. Para los hinchas de Boca, hasta las últimas pinceladas que dio en su club. ¿Qué hemos tenido en este tiempo? El de la noche del 10, el de las entrevistas polémicas ("Susana y River son de cabotaje"), el que vendía sonrisas a Tinelli y su amor-odio con Coppola. ¿El fútbol? Bien, gracias.

Sin embargo, Maradona vio la posibilidad de estar vivo (y no por salir en Intrusos) con la dirección técnica de la Selección, y se rifó buena parte del cariño de la gente. Sólo ese gesto lo hace una persona digna de respeto.

Hermosas tus palabras y esa cita (no tan) velada a un poema de un oscuro poeta.

Gbl Jmnz dijo...

vamos diego!
yo también banco
a nuestro D10S pecador



me muero de ganas por ver la que se arma cuando salgamos campeones...

Hernán Schillagi dijo...

Gabriel: tu amor incondicional y tu positivismo descomunal me emocionan. A Diego (y un poco menos a Armando) los he bancado a muerte siempre. Pero sí está bueno indagar el por qué. Por eso este texto y estas reflexiones en los comentarios.

¡El amor también piensa!

Como dijo "Peter Capusotto" en el último programa: "Felices fiestas. Que tengan paz, alegría y pan dulce en la mesa. Y si tienen sidra...¡que la chupen!" ¿No fue genial?

sergio dijo...

No entieno nada de nada, pero a mí Diego Armando, entero, me cae gordo. Digamos que yo, como no disfruto del fútbol, no tengo por dónde agarrarlo. Entonces me quedo con que un día es un revolucionario y al siguiente un facho. Y siempre en versión berreta. De todos modos, no podría jamás estar del lado de la caterva de imbéciles que se dedican al periodismo deportivo que son más veletas que Maradona y encima lo hacen por dos mangos.

Hernán Schillagi dijo...

Sergio. su postura es más que respetable. Cuando a uno no le interesa el fútbol, los "laureles" de Maradona no sirven ni para el estofado. Usted se lo pierde.

Así y tdo, no quisiera estar en sus zapatos cuando Cecilia lea su comentario. Creo que es capaz de recurrir al aire a comprimido o a las escupidas para defender al Diego ;-)

Maradona, Armando y su yo más luminoso, reflejan todas las contradicciones y "berretismos" que nos hacen una nación (futbolera al menos).