domingo, 14 de febrero de 2010

De la jota a la ese


Yo. Fueron 10 años los que tensaron el arco entre la primera vez que vi al cantante de Jaén en el Gran Rex de Mendoza y ayer, sábado 13 de febrero, en el Estadio Malvinas Argentinas. En el nada apocalíptico año 2000, Joaquín Sabina rodaba con la inolvidable gira Nos sobran los motivos, ya que su formato acústico le había permitido recalar en teatros pequeños de provincia. Fueron 10 años, entonces, donde mucha tinta sonora había pasado por debajo del puente y llevaban a mis pies hasta el oráculo urbano y decadente de Vinagre y rosas.

Mí. Al comienzo de los ’90, la poesía de Sabina se había inmiscuido entre algodones a mis oídos, merced a la hermosa versión de Juan Carlos Baglietto de “Eclipse de mar”. Recuerdo que un día llegué a mi curso y un compañero estaba ultraconcentrado y copiaba de una 13/20 con una bic en la mano la letra de la canción. “Ah, la de Baglietto”, le dije. “Sí, pero la escribió un español: Joaquín Sabina”. Para un adolescente que comenzaba a sacarle punta a sus inquietudes literarias esto fue como un rayo en medio de la negra noche: “Hoy dijo la radio que han hallado/ muerto al niño que yo fui…”. Y como suele pasar luego de un relámpago esclarecedor, el trueno de la temible voz del andaluz estremeció el pabellón de mis estructuras mentales. ¿Qué significaba “y nos dieron las diez”? ¿Por qué anhelaba ser una “chica almodóvar”? ¿Un desencuentro amoroso podía tranformarse en un “tratado de impaciencia” numerado?¿Cuánto había de “física y química” en las “mentiras piadosas”? Para mentiras, las de la realidad; pensaba mi confundida cabeza.

Me. Poco tiempo después, toda la pretendida música alternativa -con los grititos de Adrián Dárgelos y el chicano for export de los Illya Kuryaki a la vanguardia- logró aturdirme lo suficiente hasta que me olvidé casi por completo del autor de El hombre del traje gris. Experimenté con la morbosidad de una señora de barrio los dimes y diretes de la lucha de egos que tuvo con Fito Páez, después de la grabación de Enemigos íntimos. Pero lo que no sabía es que había caído en la trampa. “Llueve sobre mojado” había comenzado a sonar en las f.m. y otra vez esa poética contranatura de Sabina que amenazaba con su confusión oximorónica: “Adán y Eva no se adaptan al frío,/ llueve sobre mojado…” Para más adelante fusilar: “Cuando se acuestan la razón y el deseo,/ llueve sobre mojado”. Cuando conseguí el disco y lo escuché de principio a fin, el masazo fue feroz. Frases posmodernas e ironía en dosis letales, nostalgia sin edulcorantes, contrapuntos impadiosos de dos farsantes simpáticos. Tangos, valses, mucho rock y baladas. Todo rimado en forma consonante con mi corazón. La intimidad en pugna de unos enemigos que, casi sin darse cuenta, crearon el unicornio más esquivo de la discografía rockera nacional.

Contigo. Una noche de fin de siglo estaba sentado en las escalinatas de una lomitería radioactiva. Mientras esperaba el sánguche completo, dos parlantes escoltaban la puerta y sin aviso me escupieron “Lo nuestro duró/ lo que duran dos peces de hielo/ en un güisqui on the rocks…”. Paré las orejas y antes de que terminara el verborrágico estribillo ya me estaba literalmente cagando de la risa solo. Qué falta de respeto, qué atropello a la razón. “Ahora que” abre 19 días y 500 noches para sólo dar cuenta de que la anáfora tiene una opción delirante y sincopada para que aprendan los fatuos Arjona y Calamaro. A partir de ahí, todo fue Joaquín Sabina. De la jota a la ese, como él mismo logra compararse con un perfecto Judas. Luego vinieron la cirrosis, la sobredosis, los sonetos, las fallas cerebro-vasculares, los hiatos en la voz y ese cedé inmenso y provocativo Dímelo en la calle, más el oscuro pero hondo Alivio de luto. La voz: un papel de lija que borra cualquier arista medianera. La letras: poesía en estado de desesperación y lucidez sin escalas. La música: el talón de Aquiles de Sabina, pero que siempre sale airosa cuando se conjuga con las dos anteriores. Por eso es que, cuando ya estábamos volviendo del recital, se me ocurrió en medio de la autopista lúgubre que Joaquín Sabina me ha seguido en la mayoría de las decisiones que he tomado en esta década. La “mala compañía” de sus versos me ha susurrado otra manera de ver la realidad, con un domicilio al pie del abismo. Como un tío, tan pícaro y tan amargo, que me dio el revés de los consejos que mi papá; un Silvio Astier que se hizo rockero cansado de esperar la fama. Por eso ahora es que deseo brindar a la mala salud de hierro de su poética, donde uno y uno siempre sumarán tres.

7 comentarios:

sergio dijo...

Realmente amigo, Sabina se merecía esta especie de Oda. Porque mire que hemos trabado amistad con poetas y pocos son los que, como el "ubedano", han quedado en nuestros corazones. (Este sería el momento del ubi sunt: qué fue de la primera pizarnik, y de girondo y de benedetti y de neruda y de Bukovsky y de Morrison y de Juarroz y de....) Y sin embargo Joaquín aún nos acompaña, forma parte de la banda sonora de nuestras vidas y desde allí, como tan bien lo ha visto ud, nos influye. Sí, Joaquín se merecía este breve pero sentido homenaje sobre todo (y aunque él no lo lea) en vida.

Hernán Schillagi dijo...

Sergio: sí, el "jaenense y universal" Sabina ha sabido hacer "dribbling" a los hachazos del olvido, del hastío y la repetición. Es cierto que a veces alguna canción suena parecida a otra, pero lo que no pueden jactarse muchos músicos es el de hacer un gran disco después de los 50. Y JS ya tiene 3: "Dímelo...", "Alivio..." y ahora "Vinagre..."

También hay que sincerarse con uno mismo. Si un cd no tiene algún toque "sabinesco", lo extrañamos. Y si se excede, lo criticamos. Todo fanático padece de gataflorismo.

Esos poetas que usté trata de "ubisuntear" por algún lado me suenan a una reunión de ex-compañeros de la secundaria. Recuerdo que tenía un poema de Juarroz escrito con fibrón negro pegado en el placard. Ése que decía "Pienso que en este momento/
tal vez nadie en el universo piensa en mí...", y lo leía a diario y salía pensando que yo podía salvar a alguien. Todos en algún momento me acompañaron, pero es cierto: les solté la mano a cada uno por distintos motivos.

Sabina sigue. Cuenta con ventajas, por supuesto: prendo el equipo y listo. Pero tampoco ha pasado lo mismo con otros cantautores. ¿Qué fue de Melero, qué del mismo Baglietto, qué fue de Ignacio Copani (nuestro Sabina autóctono y berreta)? Allá ellos.

Proyecto María Castaña dijo...

Es rara la relación que tengo con las canciones de Sabina.Siempre las escucho de manera azarosa, tratando de buscar esa imagen o metáfora que me muestre mi realidad de una manera más aguda. Como esas personas que abren en cualquier parte la biblia con la secreta -y falsa- esperanza de dar con las palabras que se ajusten a sus necesidades.

Mi memoria sabinesca es completamente emocional y personal. Poco importa el nombre del tema y a qué disco pertenece. Yo las bautizo de nuevo y las encuentro porque las quiero. Hoy, por ejemplo, mientras pensaba para comentar este post, trataba de buscar "la canción de Sergio", un tema que me encanta pero del que ignoraba su nombre: 40 ORSETT TERRACE. En una parte dice: Me emborracho, trasnocho, llego tarde,
duermo de lado, hablo conmigo, lloro,
leo un libro, envejezco, voy al baile,
sudo tinta, suspiro, me enamoro.

Llueve, me abrazan, no doy pie con bola,
anochece, me compro una camisa,
este verso no pega ni con cola,
de consejos, me rasco, tengo prisa.
¿Díganme si ese "yo lírico" no es pintado nuestro amigo? Por supuesto que también está "la canción que odia mi hermana": CONTIGO, por eso de que "el señor" no quiere columpio en el jardín, frase que a ella le parece terriblemente cruel.
Así como cito de ejemplo a Sergio y a mi hermana, podría estar cien líneas recordando gente gracias a Sabina, sobre todo a algunas chicas que esperan trenes llenos de soldados.

Además de encontrar personas, sus versos o ideas me definen. Los besos que no he dado me queman la boca, pero espero que cuando se liberen me creen adicción. Si encontrara con quién, cambiaría mi cómodo sommier por un colchón de la basura y me hartaría de freír papas. Sola y enamorada me he sentido inútil como el semen de los ahorcados. Cuando me preguntan mi dirección mi boca dice un aburrido guión y mi cabeza grita eso de que vivo en el Nº7, calle melancolía. Soy una conductora suicida que he patentado un modo de andar. Creo que los asesinos saben más de amor que los poetas. Me apunto como alumna o capacitadora de un curso acelerado de besos de tornillo. El único libro que quiero quemar es mi antología de sábanas frías y alcobas vacías. Este corazón sensible y de viaje solo embarca cascarones de nueces.

Señor, me ha encantado su homenaje, que ya comenzó en forma oral con esta conductora... prudente, aunque más de uno no lo crea. Tengo unas cuantas ideas más que son muy largas para un comentario por lo que seguramente volveré a pasar por aquí cuando las ordene.

Un abrazo.

Hernán Schillagi dijo...

Paula Superestar: generalmente cuando escucho Sabina me pierdo en sus historias, sus metáforas inusuales("Tu cuello es una rama para colgarse") y las puertas siempre se abren a espejos que me reflejan. "Y sin embargo" sí, tenés razón, hay canciones que remiten indefectiblemente a algunos amigos y parientes.

Lo que más me impresiona (y secretamente me gustaría que me ocurriera como poeta) es la cantidad de frases de JS que ya pertenecen al imaginario pop-ular. Hasta en Taringa encontré una lista de más de 50. Es decir que en unos años se lo recordará, también, como un Oscar Wilde punzante y ocurrente. Algunas pa´disfrutar entre nos:

"No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás existió."

"Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción."

"A menudo los labios más urgentes no tienen prisa dos besos después."

"Bailar es soñar con los pies."

"Hay que condenar todas las muertes, incluso la natural."

"Soy muy mal novio, un pesimo amante y peor marido. Pero un estupendo amigo."

"Mi plan es envejecer sin dignidad."


"Pelearé hasta el último segundo y mi epitafio será: No estoy de acuerdo."

"Los gimnasios estan llenos, las librerías siguen vacias."

"No existe una vida más lujosa que la de vivir sin teléfono y sin coche."

"Los besos que perdí por no saber decir te necesito."

"Amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño."

Proyecto María Castaña dijo...

Te voy a terminar la última frase porque es lo que pretendo escribir de otro modo sobre la distancia pero, por supuesto, no me voy a arrimar ni a los tobillos del maestro: "Y cada vez más 'tú' y cada vez más 'yo' sin rastros de 'nosotros'. Si esa no es la perfecta definición de la distancia amorosa, ¿dónde diantres está?

Sobre superstar, en el anterior comentario la iba a nombrar porque para mí es "la canción de rubia mireya", esa Barbie era de ley y tenía corazón, mirá que con la primera plata que hace retira a su mamá.

Hernán Schillagi dijo...

Paula: esta frase siempre me impresionó por la condensación que encierra. Parece un simple juego de pronombre y es un hermoso cross a la mandíbula de la poesía.

Me encanta "Barby Superstar". La historia del dectective corrupto onda policial negro está muy bien construida. Sobre todo cuando al final sabemos que se dirige a los "señores del jurado" y que no se arrepiente de nada: "Disparé a un corazón que yo quería,/ con premeditación, alevosía/ y más pena que gloria" ¿Sabías que un narrador chileno escribió un libro de cuentos a partir de los títulos de las canciones de Sabina?

Carmen Alanís dijo...

¡Hola, Hernán!
Llegué a tu blog desde no sé dónde y me ha encantado.
Te cuento que ayer y hoy estuve escuchando una y otra vez el cd "Vinagre y rosas", por lo que este texto me resulta muy familiar.
De este disco, me causa resonancia la lucidez de un verso: "mi manera de comprometerme/ fue darme a la fuga".
En fin, me he alegrado de llegar a este espacio.
Recibe un saludo desde México.
Carmen