domingo, 18 de noviembre de 2018

Un poema para almacenar



memoria externa

 


te pregunto vas a recordarlo todo
todo acaso como a los pinos de esa tarde
al viento y su suave queja entre las ramas
con una laguna seca de fondo sin pájaros
ni peces que le abran la boca a tu sed
de hacer borrón y lengua nueva

a recordarlo todo vas sin duda
hasta extraer de tu memoria
un dispositivo para almacenar
las sombras y compartirlo con el mundo
como si fuera un luminoso día
detrás de la ventana

grabaciones fotografías acaso
más una nube donde colgar tus nidos
y plegarias oscuras «que todo
quede y no duela» cómo no
si no existe una palabra un gesto
que no sean espina sin sangre
y al mismo tiempo caricia y perdón

HERNÁN SCHILLAGI, de "Castillos sonoros" (inédito)

lunes, 22 de octubre de 2018

Palabras para Gloria



¿Saga familiar?, ¿novela de aprendizaje?, ¿novela policial?, ¿novela pop?, ¿autobiografía velada?, ¿narración enmarcada? En apretadas 108 páginas, la narración que ofrece el autor a sus lectores tiene aditamentos de todas las clasificaciones enumeradas que, como un alquimista, ha sabido pasar por el alambique de su estilo conciso, transparente y libre de golpes bajos y sentimentalismos a pesar de que la argamasa de su texto está constituida por recuerdos propios ficcionalizados.

Hay quienes dicen que el mejor modo de salir de un laberinto es hacia arriba. Schillagi escapa de la madeja familiar y de sus redes afectivas, contradictorias pero firmes, de manera descarnada. El objetivo es documentar un rencor. Paradójicamente, toda la novela lo llevará al otro extremo del arco donde la reconciliación es posible a través de la palabra y la memoria.

Por supuesto, Hernán es otro. Es Franco. Un niño que se parece muchísimo al primero, pero vive su propia historia de papel en la que el autor ha editado su infancia a la manera de un niño: exagerando, mintiendo un poco e inventando lo suficiente para crear personajes muy singulares: Gloria, el Negro, Antonio; personajes, repito, que viven situaciones límite en el marco de la cotidianidad cansina de un pueblo y una finca.

PAULA SEUFFERHELD, 20/10/2018. Presentación de "Los cuadernos de Gloria", de Hernán Schillagi, Feria del Libro de Mendoza 2018.

lunes, 15 de octubre de 2018

Un poema desde el norte



policial nórdico


por qué motivos un bosque blanco
de ramas secas enorme y helado hasta la parálisis
insiste en crecer sobre los terrenos de mi mente
cuando en verdad es un desierto gris
el que se abre en los bordes de este pavimento
donde cada una de las huellas las pistas
y los sospechosos transitan con inocencia


pero un cuerpo aparece bajo la nieve
para que lo oculto estalle y todo se detenga
a la velocidad de una lenta cámara
que sigue la caída de los copos «tic»
y registra sutil su punteo sobre la tierra «tic
tic»

camino entonces entre los árboles de hielo
atrapado por este frío serial que como un asesino
le hace preguntas a mi imaginación
antes del primer disparo

HERNÁN SCHILLAGI, de "Castillos sonoros" (inédito)

domingo, 7 de octubre de 2018

El miedo se parece a una paloma sobre tu reja



Justo terminaba de quitarme los auriculares y apoyarlos sobre la mesa, cuando un grito desgarrador vino desde la calle para entrar con todo su filo a mis orejas todavía adormiladas. Como buen descendiente de italianos, siempre pienso en una desgracia antes que otra cosa. Nunca falla. Un portazo que se cerró sin aviso por el viento, para mí es un disparo lleno de pólvora y odio. Pensar lo peor hace que todo, luego del sobresalto, sea un hermoso malentendido. La sangre siciliana y argentina que corre mezclada por mis venas hace que viva con el Jesús en la boca. Sin embargo, este aullido fatal en la mitad de la mañana, salió de una herida abierta y se cortajeaba en los oídos como si un puñal estuviera revolviéndose con saña. Corrí espantado hacia la ventana, vi pasar tres cabezas adolescentes que se reían, aunque un manchón a contraluz me distrajo la visual. Una paloma posada en la reja no dejaba de mirar para adentro de mi casa. Con una fragilidad extrema, el animal se sostenía sobre sus dos patitas. Me acordé, por supuesto, del personaje de «La paloma», de Patrik Süskind donde, la sola presencia de ese bicho alado en su habitación, tomaba proporciones de una pesadilla pavorosa. Le saqué medio tembloroso un par de fotos y abrí la puerta. El mecánico de enfrente también se había asomado y, entre los dos, convenimos que el escándalo había sido un juego de los chicos que pasaban. Le mandé, entonces, la foto a un grupo amigo y uno me preguntó si aún no había visto la serie «Zoo». Cuando le contesté que no, comencé a ver en el borde superior de la pantalla de mi teléfono un trabajoso «Escribiendo, escribiendo…». El mensaje, con todas sus alertas, por fin llegó: «Los animales dijeron 'ya basta'». Casi al mismo tiempo entró la foto de otra amiga, donde un aguilucho acechaba la tranquilidad de su hogar. Un grito feroz, una paloma inquisidora, mensajes cruzados y la mañana que aporta luz a los miedos oscuros que anidan en mi pecho. Los sustos que me hubiera ahorrado si el nono Francesco no hubiese venido desde Palermo, desde ese pequeño pueblo enclavado en la montaña que, justamente, se llamaba Rucca Palumba.


HERNÁN SCHILLAGI

sábado, 29 de septiembre de 2018

Un poema con insectos




kafka testimonial



el libro cuenta otra cosa el libro
parece un sueño que apenas se recuerda
porque nadie se atrevió a documentar esa noche
las verdaderas páginas finales
donde los basureros de praga
vieron un bulto enorme pero liviano
que llamaría la atención de cualquiera

abrieron la bolsa como se mira la oscuridad
debajo de la cama y en vez de un monstruo
un joven sutil un poco pálido y convexo
se dibujó en el empedrado
un cadáver común y corriente sí
en los fondos de la respetable casa
de la familia samsa que ahora hacía los planes
de una última y feliz mudanza


HERNÁN SCHILLAGI, en "Castillos sonoros" (inédito)

domingo, 26 de agosto de 2018

Un poema para una crónica





una sustituta anunciada
                                                Él parecía insensible a su delirio:
                                                era como escribirle a nadie…
 
                                                        Gabriel García Márquez

la editorial sudamericana publica
este centenar de páginas sin orden
ni continuidad aunque sí tienen un principio
ese en el que ángela la menor de los vicario
se encuentra con su destino su tragedia su final
como un edipo que amasija a su padre
mientras huye de las palabras que lo condenan 
la editorial decía allá a comienzos de los ochentas
diagrama un caos el reflejo roto
de la memoria colectiva y una culpa
que da nombre a un pueblo para siempre
por eso la que esta vez escapa de la deshonra
y de la sangre se tropieza con la poesía se cruza
con los versos mal cortados de un correo secreto
para que la fiebre haga del mercurio tinta solitaria
porque ángela la menor de los vicario decide
elige ser poeta mientras borda los años
y sustituye la vergüenza por un fajo de cartas
que nunca será abierto ni revelado
ante un lector que se corporiza
para decir «bueno aquí estoy»


HERNÁN SCHILLAGI, de «Castillos sonoros» (inédito)

miércoles, 15 de agosto de 2018

Sálvate, Marty



Caminaba por Patricias Mendocinas de Ciudad, me sonó una notificación y, mientras sacaba el teléfono del bolsillo, una mujer me preguntó la hora. Miré la pantalla y tardé dos segundos más de lo que correspondía. Motivos: eran las 9.41. No sabía si ser preciso, o decirle "Son las diez menos veinte", o redondear para abajo. Opté por la imprecisión: "Son las 9.40". Pero lo que de verdad hizo que me detuviera en seco y que, por un rato, no me salieran las palabras; fue que creí anonadado que estaba ante una viajera del tiempo. ¿Qué otra persona, por lo tanto, enfrenta las calles del siglo XXI sin un celular? Podría entrar en detalles de tipo social y político. Cambios. Hoy vas entrar en mi pasado, decía el tango.

HERNÁN SCHILLAGI