domingo, 12 de marzo de 2017

Un poema bicolor



una boca aleatoria


cuál es el verdadero color de la piel
si cuando habla parece la misma y diferente
una boca tomada por una mancha
dividida entre lo oculto y lo claro del azar

el término real entra en el imaginario
como esa invasión sobre las células
que el vitiligo degenera para crear
zonas blancas cuando la luz retrocede

cuál pregunto es el color
por donde se escapan la voz las palabras
los huesos extinguidos de dinosaurios
que se niegan a desaparecer cuál
si puedo repetir la pregunta cuál
sería la coloración adecuada
del que habla por última vez
pero vuelve lleno de tierra se reconoce
y canta «querían a otro en mi lugar»
 
 
HERNÁN SCHILLAGI, de «Castillos sonoros»

sábado, 4 de marzo de 2017

Un poema envenenado



paquete de datos
 
mientras la mañana se termina de abrir 
sobre este monitor plano y frío la información
llega artificial «las hormigas no duermen
solo descansan» o sea que durante el simulacro 
de darle vuelta la cara a la noche
un bloque rojo y negro bajo la tierra
se mueve hambriento entre conexiones oscuras
para que podamos sostener el sueño
sobre una trama de red inocente
sobre una serie sucesiva de datos
que no alcanzamos a comprender
porque los sueños son de esa materia
algo pequeño que nos deja una porción de ácido
en alguna parte del cuerpo y nos envenena
la garganta la sed la lengua y hasta la boca
para decir «buenos días»
 
 
HERNÁN SCHILLAGI, de «Castillos sonoros» (inédito)

jueves, 23 de febrero de 2017

Un poema en el prospecto



literatura médica
 
la letra chica con sangre encuentra
los efectos secundarios de una lectura prohibida
porque «si vas a tomar algo no se te ocurra

leer las contraindicaciones» nos dijeron
pero la ciencia es el otro nombre de la curiosidad
una historia natural de los errores 
para que cada página circule como una cápsula
en la salvaje geografía de nuestro cuerpo
y se disuelva por cada duda cada sombra
hasta poblar de palpitaciones espasmos 
paranoia a ese libro que siempre hemos perseguido
y nunca hemos habitado
 
 
HERNÁN SCHILLAGI, de «Castillos sonoros» (inédito)

jueves, 16 de febrero de 2017

Un poema sobre el escenario

 
 
lectura de poesía
 
subo al escenario con un poema
que se refugia libro adentro
las palabras crujen en la hoja blanca 

ante la recelosa mirada de los oyentes 
la iluminación y el sonido ya han sido chequeados
al atardecer con esa fe precaria
que siempre inspira el comienzo de la noche
para que un eco cercano enumere salude
y salude a las sillas vacías
el texto en la mano es uno que habla
de estrellas naves espaciales y un hijo 
que pregunta al revés pero mientras leo 
me distraigo con una idea para otro poema 
donde la realidad salta estridente
sobre las estrofas y cada verso 
en secreto improvisado niega la metáfora 
o la vuelve tinta inmóvil
de esta manera la voz para el público
no coincide con lo que pienso 
como cuando el sonidista me pedía 
contra las últimas luces de la tarde que siguiera 
probando probando
 
HERNÁN SCHILLAGI, de «Castillos sonoros» (inédito)

miércoles, 8 de febrero de 2017

Tiene un mensaje sin leer





Llegué al mediodía a mi casa, luego de una mañana completa de exámenes psicofísicos que me habían pedido en el trabajo. En el escalón de la puerta estaba alguien esperándome: una paloma. Nada extraño. Sin embargo intenté abrir y ella ni se movió siquiera con el tintineo del llavero. La miré bien y tenía un anillo naranja en la pata derecha. No sabía qué hacer ni qué decir. «Deja la vida volar, / tu boca junto a mi boca, / paloma, palomitay», me graznaba Víctor Jara del otro lado de la cordillera, o de la existencia.
De un saltito llevó sus plumas grises a pasear por la vereda. Pasó la vecina de la farmacia y cuando le quise consultar me dijo: «Les tengo fobia, chau». De pronto, el vecino de al lado salió en la bici y me explicó que no era cualquier «bicho», sino una paloma mensajera. «Debe estar perdida», dijo don Hugo. La Primera Guerra Mundial se nos había trasladado al este de Mendoza. «Qué hacemos», le pregunté, mientras el alado animal ya cruzaba «a pie» la calle y daba muestras claras de sus dificultades para volar. No se dejaba atrapar por ninguno de nosotros. Entré a mi casa y a internet -otra forma extraña de hogar sustituto- y me enteré de que hay que darles agua y comida, llamar a la asociación de colombófilos y pasarles el número de identificación que está en el anillo. Luego tener paciencia, mucha, como había tenido yo esa mañana cuando la «otorrina» me había estirado la lengua con su mano enguantada, mientras me pedía que vociferara vocales abiertas a las cuatro paredes del consultorio.
Por supuesto, la paloma se escapó. Pero antes de entrar, le pregunté a don Hugo -medio en broma- cuál sería el mensaje que me había traído el pájaro y no pude leer: «Seguro que uno bueno», sentenció y comenzó a pedalear con tranquilidad. En vez de sonreírle, tragué saliva y un dolor lejano me hizo acordar de los tironeos de lengua de la doctora, como si las palabras dejaran un residuo punzante en la raíz antes de empezar a volar por el aire hasta los oídos de los demás.
HERNÁN SCHILLAGI

sábado, 4 de febrero de 2017

Un poema en las noticias



hecho real
 
                                            «Qué se puede hacer salvo ver películas…»
                                                                        Charly García
 
otra vez mirás esos programas
donde la verdad es un testimonio del humo
y la traición esos programas otra vez
mirás pero las voces están dentro de una cámara
cerrada oscura y el aire disminuye la circulación
de las palabras los argumentos se asfixian
se saturan otra vez y otra vez esos programas
son tajos de sombra muescas solitarias
de una noticia marginal
no obstante mirás esos programas
con el gesto del que busca en un documento
una historia de ilusión comprobada 
la secuencia cronológica de los sueños
y los hechos se te niegan a cambio de un paisaje
verde y luminoso aunque la pregunta
se repite otra vez se repite en espejo 
de aquella lanzada hace años y se deforma
o se completa «qué se puede hacer 
salvo ver documentales»
 
 
HERNÁN SCHILLAGI, de «Castillos sonoros» (inédito)



jueves, 2 de febrero de 2017

Un poema gasolero

 
 
un motor en la mañana
 
toda ventana por definición
fue construida para mirar diseñada
para que una porción del universo

traiga calma transparente sin trizas
a este elegido encierro de ladrillos y argamasa
tal vez por eso en las mañanas prefiero 
escuchar al mecánico de enfrente 
que trata de hacer funcionar
sin necesidad de chispa un motor ahogado 
un perkins de fines del siglo veinte que se aleja
no da el salto de combustión interna
y los férreos golpes de las reparaciones
llegan como en clave morse
hasta mi teclado y se confunden
las letras con el calor del combustible
una sucesión de puntos y rayas 
que pulsan una señal de auxilio
por definición toda ventana
fue diseñada para cerrarse construida
para que los sonidos de afuera
sean negados y ahogados como un motor 
en la mañana fría
 
HERNÁN SCHILLAGI, de «Castillos sonoros» (inédito)