miércoles, 22 de julio de 2009

La nieve como excusa



Nieva en la ciudad. Es apenas visible. Sólo el frío hace pensar que el hielo puede borrar las manchas del asfalto. Pero, a qué nos remite la nieve. Son tan débiles las evocaciones comparadas con las de la lluvia, tan copiosa siempre en todo sentido. Si hasta el mismo Borges creía recobrar lo más precioso del pasado a partir de una llovizna en su patio.

Sin embargo, para los que vivimos en el llano, como una voz inesperada pero conocida, la nieve comienza a anunciarnos algunos hechos de nuestra vida: esa foto donde tu casa aparece solitaria en medio de la blancura, unas manos ateridas que buscan darle vida a un cuerpo frío y con ojos de piedra, la canción que escribiste a tu hija dentro de una tormenta de estrellas, el viaje épico que hiciste por la ruta para atravesar un país congelado.

Aunque también, un miedo legado por la literatura, siempre me inquieta. Y es la nevada mortal que aparece al comienzo de El Eternauta, la historieta de H.G. Oesterheld. Una solapada invasión extraterrestre lanza una nieve que envenena al que toma contacto con ella. Esto lleva a Juan Salvo, el protagonista, primero, a resguardarse en su casa y sobrevivir; pero después, el mismo Salvo debe convertirse en un héroe de la resistencia ante el exterminio alienígena. Nunca volverá a ser el mismo.

Dicen que los cristales que forman un copo de nieve son todos hexagonales, pero que ninguno, como un gélido caleidoscopio, repite la misma combinación. ¿Será por eso que sólo conservamos la memoria de los acontecimientos irrepetibles?


La excusa es el poema:


Querido, nos escribieron la historia*

Estás recostado contra una de las columnas
del estadio. Afanosamente, como siempre,
escribís las notas de tus sueños. Los hechos
son simples: los cascarudos nos asedian.

Lo que queda resiste cada una de las embestidas.
Vimos ya la nube de ilusión, nos quitamos
los trajes protectores y sonreímos un poco.
Ahora nos aguarda la batalla de River Plate.

Aún ignoramos que están teledirigidos,
que cada uno de los rayos está programado
por un Mano, que detrás están los Ellos.

Cuánto no supimos... Con mirada ingenua
creímos escribir la historia, derrotar
la nevada. Y nada quedará de lo que fuimos.


Javier Adúriz, en Canción del samurai.

*Homenaje al historiador Mosca, personaje de "El Eternauta".

8 comentarios:

sergio dijo...

Ah, la nieve, la nieve. La nieve no me gusta. ¿Por qué? Porque por donde vivo nunca es otra cosa que un ingrediente del barro. Las grandes nevadas son de otros lugares.

De todos modos, cuando era pequeño me gustaba jugar con mi hermano cuando nevaba.

Y sí, por aquí no abundan las referencias a la nieve (Bufano y algún otro)

Pero me gusta un poema de José Emilio Pacheco:

LA DIOSA BLANCA

Porque sabe cuánto la quiero y cómo hablo de ella en
su ausencia,
la nieve vino a despedirme.
Pintó de Brueghel los árboles.
Hizo dibujo de Hosukai el campo sombrío.

Imposible dar gusto a todos.
La nieve que para mí es la diosa, la novia,
Astarté, Diana, la eterna muchacha,
para otros es la enemiga, la bruja, la condenable a la hoguera.
Estorba sus labores y sus ganancias.
La odian por verla tanto y haber crecido con ella.
La relacionan con el sudario y la muerte.

A mis ojos en cambio es la joven vida, la Diosa Blanca
que abre los brazos y nos envuelve por un segundo y se marcha.
Le digo adiós, hasta luego, espero volver a verte algún día.
Adiós, espuma del aire, isla que dura un instante.

sergio dijo...

Agrego: hay tantas cosas que me gustan en la literatura pero que detesto en la vida. Lo que me hace pensar en las lilas y Pizarnik. Le comento: el otro día le leí unos poemas a mi sobrina de Pizarnik en los que una y otra vez aparecían lilas. Mi sobrina dice: le encantaban las lilas. Y yo recuerdo que Piña en su biografía dice que no, que no le gustaban nada, que sólo apreciaba el sonido de la palabra lilas. Algo semejante me pasa con la nieve. Me gusta en los poemas o en el cine.

Proyecto María Castaña dijo...

Yo asocio a la nieve con un amor no correspondido. Es bella pero no nos pertenece. Estamos acostumbrados a la tierra en el aire y al sol que nos deshace. Cuando cae empieza la tristeza: en pocas horas, o, con suerte, al otro día no quedará ni un rastro de ella. Pero la esperanza se afana en los amores no correspondidos: todos los inviernos aguardo en las noches su trazo inclinado. Faroles fantasmales transformarán el agua en diamantes.

Sergio dos pelis de nieve: LOS AMANTES DEL CIRCULO POLAR y, por supuesto, DR. ZHIVAGO.

Hernán Schillagi dijo...

Sergio: creo que tenés razón. La nieve no garpa en la realidad, pero es literaria a morir. En invierno del 2007 nevó unas 7 veces en el llano mendocino. Quinchos destruidos, techos de tela mediasombra hundidos por el peso y cañerías congeladas. Esto demostró que, como provincia, la nieve es para los turistas. No estamos acostumbrados ni preparados.

Gracias por el poema. Y me emocionó la referencia a Bufano, "Los poemas de la nieve" es uno de los pocos libros que recuerdo de don Alfredo sin ponerme colorado. Igual me leí casi todo de él en si momento.

Otro que utiliza la nieve muy bien como marco de sus poemas es Luis García Montero. Pero tengo tanto frío en las manos que me da flojera tipear algún poema del español, jaja.

¿Con cuántos cisnes se habrá cruzado Rubén Darío? Y sí, el "físico" de las palabras y lo que sugiere su musicalidad son más importantes que el referente (en literatura, obvio).

Hernán Schillagi dijo...

Paula: qué palabras para "derretirse"! Algo que no puse en el post, es un poema de Roberto Juarroz increíble que habla sobre que la nieve borra todos los límites. Esa, quizá, es la función de la poesía: hacernos ver la realidad cotidiana de otro modo.

Canciones con nieve o de invierno: "Cuando aprieta el frío", de J. Sabina. Qué hermosa canción."Confesiones de invierno", de Sui Géneris. Me encantaba en mi adolescencia cuando decía, "si se comen mi carne los lobos/no podré robarles la mitad...". "Sueles dejarme solo" de Soda, "Afuera el frío embiste, adentro el vértigo". Me hiela la sangre.

Proyecto María Castaña dijo...

Yo con Confesiones de invierno me quedé con los versos "sé que entre las calles debes de estar/pero no sé partir". ¡Qué buena canción!

Fragaria Vesca dijo...

Cuando nieva, me acuerdo siempre de la canción de Alfredo Casero: "Niev, niev, niev, nieva en Moscú,(...) nieva en tut la URSS. Brrr, brrr, brrr, hace Boris Yeltsin (...)". Lindo y blanco post, amigo.

Hernán Schillagi dijo...

Fragaria! Un cálido abrazo de bienvenida a este gélido post. No recuerdo la canción de Casero, pero veré si la busco en youtube.

No sé porqué me hiciste acordar al video "Black or white" de Michael Jackson, cuando él está bailando en la nieve cerca del Kremlin y, en un efecto buenísimo, aparece dentro de una burbuja de vidrio de esas de juguete en la mano de un bebé. Vaya el blanco homenaje, ja!