domingo, 4 de abril de 2010

Señal que ladramos



Me acuerdo que acababa de salir Libertinaje de la Bersuit, porque cuando fui a visitar a mi amigo estudiante de Filosofía a su nuevo departamento de universitario puso –como si el cd le quemara las manos- el revulsivo Sr. Cobranza. Aún la voz del Pelado Cordera nos resonaba en la cabeza cuando empezamos a recorrer el exiguo departamento: «Voy a la cocina, luego al comedor/ miro la revista y el televisor…» A los 5 minutos nos sentamos a discutir los beneficios de vivir cerca de la facultad, de la incomodidad del bañito, de cómo se iba a turnar con la hermana para estudiar en la pieza, de lo difícil de la situación. La conversación iba para largo, cuando de repente mi amigo soltó: «Y, el hombre es un animal de costumbres». Entonces, un silencio de gelatina nos tapó la boca.

Si bien las frases célebres y populares esconden alguna verdad, al mismo tiempo fosilizan posibilidades de diálogo, cercenan en seco aristas argumentativas, múltiples discusiones que pueden enriquecer puntos de vista se ven interrumpidos por una «sabiduría milenaria» de barrio. Como le pasó a mi hermano en la playa. Se sabe que las vacaciones dan una tentadora impunidad para criticar a los eventuales vecinos de sombrilla o de carpa. Pues cuando mi hermano más grande empezó a mofarse del tatuaje de Pepe Biondi en el hombro del bañero, de la tanga cavada de una abuela y de que si la recién casada tenía las tetas operadas; entonces, su mujer le asestó: «Dejalos, ¿y si son felices?». Fin de la sacada de cuero. Es sabido, «los hemanos mayores deben dar el ejemplo».

Sin embargo, las frases hechas traen algo más bajo su aparente poncho simpático y ocurrente: La soberbia. Hace poco escuché que una característica de los argentinos que más llama la atención a los extranjeros es que siempre anteponemos un «no» a cada respuesta; como también en lugar de decir «no estoy de acuerdo», sentenciamos todo con un «estás equivocado». Mucho tango ha corrido por debajo del puente y «el que no llora no mama», me dirá algún avivado.

Es que todos queremos tener la razón, o al menos, ser los que ríen últimos. No por nada Susan Sontag, en un potente ensayo sobre Roland Barthes, avisa con temeridad: «La naturaleza del pensamiento aforístico consiste en estar siempre en un estado de conclusión: el intento de tener la última palabra es inherente a toda construcción de frases poderosas». Por lo tanto, las frases populares son armas, cargadas de malicia y arrogancia, que aniquilan lo interesante de un debate que quizá –gracias al cruce de miradas- nos hubiera acercado a una certeza más pluralista. ¿Será por eso que la frase célebre del Quijote más repetida en la calle es apócrifa?

Así que, muy atentos todos aquellos que se relamen autoritariamente al cerrar discusiones con frases fáciles y masticadas. Tienen el poder y lo van a perder.

9 comentarios:

sergio dijo...

cuánta razón tiene. no hay lápida más pesada para una conversación que un "como dice mi abuela/padre/ tío....." Son mortales, ya no puede agregarse nada. Siempre recuerdo que un personaje de Peña decía "aunque oscurezca, aclará" O sea, lo pienso como una técnica contra esos fósiles: deformarlos.

Paula Seufferheld dijo...

"Ladran Sancho, señal que sentenciamos". Las frases hechas son el remate más frecuente de conversaciones que se están yendo al tacho, "la vida continúa", "no hay mal que dure cien años", "el pez por la boca muere"... y sí, hay gente que muestra su mediocridad mental apelando a una retahíla de dichos que hasta al pobre de Sancho hubieran asombrado.

Es interesante el ensayo, pero creo que lo que dijo tu cuñada es una frase hecha genial: "dejalos, ¿y si son felices?". Me parece que tu hermano pecó de chismoso y la esposa le paró el carro. Un aplauso para ella. Creo tanto en esta sentencia que ya me estoy haciendo una remera para el verano impresa adelante y atrás.

Hernán Schillagi dijo...

Sergio: o si no, una operación a lo Chapulín Colorado que se enredadba tanto en una frase que, de algún modo, terminaba "deconstruyénla" hasta dejarla en ridículo.

Ah, mi tío decía: "Siempre que se llora es tarde".

Hernán Schillagi dijo...

Paula: es tan cierto. Sin embargo la "sacada de cuero" es uno de los motivos más frecuentes. A la salida de la escuela, uno ve cómo las madres (y algunos padres) se conectan espontáneamente -mientras esperan a sus hijos- y se escucha cómo acribillan a la maestra de turno. Sueño un día con llegar y que nadie le esté hablanda a otro. ¿O son un roto para un descosido? ;-)

Es increíble el poder conclusivo que tienen las frases hechas.

"Dime con quién andas y te diré quién eres": Discriminación.

"No hay mal que por bien no venga": Conformismo.

"Soñar no cuesta nada": materialismo.

Hernán Schillagi dijo...

Quiero darle la bienvenida a Carmen Alanís. Muchas gracias por visitar mi ciudad.

Y propongo a todos los lectores:

¿Se animan a proponer el "otro lado" de algunas frases célebres?

Proyecto María Castaña dijo...

¿Refranes o frases célebres?

Me gusta el refranero.
Voy a dar el otro lado de la luna de algunos:

Haz bien sin mirar a quién: miope.

A cada chancho le llega su San Martín, En todas partes se cuecen habas, Contigo pan y cebolla: gastronómicos.

Quien mal anda, mal acaba: fatalista.

El que las hace, las paga: revanchista.

No se debe escupir al cielo: escatológico (ya sabemos el destino del proyectil).

A caballo regalado, no se le miran los dientes: interesado.

A ojo de buen cubero: enigmático, (¿se referirá a como conviene tantear a la Neumann?).

©Torneo de Caballeros (Moderador) dijo...

Hola Hernán, te invitamos a que votes en este duelo poético.

3er Duelo de Poesía

¡Está muy bueno!

Saludos cordiales,
Equipo
Los Caballeros de la Dama de Cristal

Hernán Schillagi dijo...

Caballeros: No quiero caer en frases hechas, pero que gane el mejor , ja!

Hernán Schillagi dijo...

Paula: También hay frases que esconden la potencia de un cross a la mandíbula. Mi tía Julia decía cuando veía a alguna en la tele: "Ésa tiene la P de puta en la frente". Y... si era feliz diciéndolo :-)