martes, 20 de abril de 2010

El domingo, los huevos


Lo sabés: es un Sábado de Gloria. Bah, por el simple hecho de que ayer fue Viernes Santo. Entonces te encontrás en la cola del súper que acepta tarjetas de débito. Te estás recuperando de la dura «vigilia» de no poder comprar por 24 horas.

Mirás hacia adelante y un matrimonio cincuentón empuja un carro que desborda kilos de carne depostada, gaseosas de envases enormes y botellas de vino que no alcanzás a reconocer. Una verdadera orgía con rueditas.

Encima de todo, una pequeña e inocente bandeja con una docena de facturas de manteca es la frutilla de ningún postre a solo $9,40.-

-Son $900.-; escuchás que dice la cajera. Pero que al debitar con la tarjeta, hay una promo de descuento del 15% más la devolución del 5% del I.V.A.; por lo tanto comprendés que el matrimonio tiene que pagar solamente unos $800 y chirolas.

Con el tícket en la mano y los lentes a la altura de la punta de la nariz, la mujer dice a toda voz: «¡Me has cobrado las facturas a $9,90! ¿Ahora quién me devuelve mis 50 centavos?» Mientras el marido envuelve con nylon los clavos y la cruz de su vergüenza, ves cómo la señora grande deja con la respuesta en la boca a la cajera y se dirige furiosa al sector «Reclamos y devoluciones».

La gloria sea para los que resisten.

8 comentarios:

natalia dijo...

¡Me encantó! Me declaro en el grupo de los que no reclaman...¿Por qué no sé usar el débito y no entiendo de descuentos y devoluciones? Lo interesante del relato es como siempre tu capacidad de observación...¡Tremenda pareja! ¡Tremendo carro! ¿¡Tu carrito qué llevaba?!

Hernán Schillagi dijo...

Natalia: que bueno que sumés un comentario escrito a tus siempre buenos y amables "cara a cara".

El tema del débito y sus promociones tienen un halo de incomprensiva magia. Te sale el subtotal y, como dice Susana, ¡pin! te rebajan algo. Aprovecharlo es muy conveniente.

Debo reconocer algo que no entró en la crónica. Me empezó a llamar la atención cuando la señora se intentaba comunicar por celular con el hijo (esto lo supe después) y el vástago no la atendía o la enganchaba la casilla de mensajes. Así que le dijo al marido: "Este hijo de puta nunca quiere hablar conmigo", mientras cerraba con furia la tapita del teléfono.

¿Cómo no me va a llamar la atención?

Tengo la técnica de ahorro de llevar canasto en mano en vez de carrito. Pero cuando le ponés los rollos de cocina y los de papel higiénico, más las botellas de gaseosas y de los limpiapisos; el brazo no te da para más y empezás a pensar lo estúpido que fuiste, jaja!

Proyecto María Castaña dijo...

Frase de antología de este relato cotidiano: "envuelve con nylon los clavos y la cruz de su vergüenza". Genial y certera con el contexto de Pascuas. Te felicito.

quebrantapájaros dijo...

Paula: creí que ibas a defender al género femenino, jaja. Pero lo que pasa es que esta mujer no hay cómo defenderla.

Con respecto a la frase pascuera, nació bien simplona e intentando trasladar la cabeza gacja del dorima. Pero se me hacía incompleta el "envuelve con nylon su vergüenza..." Por suerte cuando lo revisaba antes de publicarlo, apareciò la frase como debía ser.

quebrantapájaros dijo...

quise decir "cabeza gacha".

Proyecto María Castaña dijo...

Esa vieja, "quebrantapájaros", soy yo. Mi lado tacaño es tan ridículo y ramplón como el de esa mujer. Por eso ni la defiendo ni la ataco: me identifico y callo de vergüenza por ella y por mí.
Eso sí, nunca maltrataría a una cajera porque lo fui. Ahí el espíritu de cuerpo pesa y los recuerdos me pasarían factura si cometiera semejante bajeza.

Hernán Schillagi dijo...

María "Tacaña": no creo que seás para tanto como para fijarte en 50 centavos cuando te gastaste 900 pesos.

Con respecto a mi cuenta de "Quebrantapájaros" no sé porque de vez en cuando aparece. Se ve que nunca dejé de serlo del todo.

Proyecto María Castaña dijo...

Te cuento una reciente: solo echo gas en la jirafa, ¿por qué? Porque te dan unos bonitos con valor que después canjeás por productos, para obtener algo como la gente tenés que juntar miles, racionalmente imposible para mí que tengo un equipo de gas pequeño. Igual voy, porque me gustan los papelitos, el color... además si cargás más de 10 pesos te dan una soda de 2 litros. ¿Para qué la quiero? No sé, no tomo bebidas con gas por mis problemas gástricos, en mi casa tampoco, en fin, se la regalo a mi hermana. A pesar de todas estas incongruencias, me pongo muy furiosa e idiota si tengo que cargar en otro lado donde no me dan ningún "beneficio" de este tipo.