viernes, 5 de febrero de 2010

El rumbo de las noches de verano




rosa de los vientos



quisiera trasladarme como todo el mundo
con una orientación fija
sólo la circulación de mi sangre permite
que la velocidad haga entrar por la caladura
de mis sandalias el poco viento de las noches de verano pedaleo
y mis piernas son como una brújula en el polo norte
que ha perdido su compás magnético
soy para las ventanas iluminadas «la que anda sola» «la loca
de la bicicleta» me gusta pensar que por mí los niños
corren a refugiarse bajo las sábanas y esperan historias
que les cierren los ojos ante la verdad
donde el amarillo sucio de mis pelos
corone el rostro de sus brujas y madrastras

por eso el cielo áspero es otro asfalto gris por eso
la lluvia se convierte en brea y mi viaje sin orillas
entra en un pantano viscoso para morderle el cuello
a la bestia que grita mi nombre por los aires

11 comentarios:

Milo Pratt dijo...

Hola!, llegué por aquí dando vueltas en le mundo de los blogs.

ME gusto mucho este texto... lo leí varias veces y no entiendo bien por qué! Tiene ritmo especial, a pesar de la falta de puntuación... será seguramente porque así es el lector el que encuentra el ritmo que más le guste...

El final me parece realmente notable:

"por eso el cielo áspero es otro asfalto gris por eso
la lluvia se convierte en brea y mi viaje sin orillas
entra en un pantano viscoso para morderle el cuello
a la bestia que grita mi nombre por los aires"

Las afirmaciones categóricas producen siempre un buen efecto...

en fin, volveré! me gusto tu escritura, te invito en tanto a conocer mi blog de poemas y narrativa:

http://lacasadelsimio.blogspot.com

Hernán Schillagi dijo...

Milo: te agradezco mucho tu comentario. Creo que la respiración propia de cada poema invita siempre a la relectura.

En mi caso intento -desde la no puntuación- que el lector le tome el pulso a los versos, los repase y termine acercando el oído para darse cuenta que hay vida en ellos. Por otro lado, pienso que la puntuación tradicional pertenece a la prosa, y que la lírica se siente incómoda con esa prótesis.

Generalmente, la metáfora o una imagen producen un efecto fuerte, pero no creo que como afirmación categórica; sino que lo que vienen a hacer es poner todo en duda.

Un abrazo y te estaré devolviendo la visita.

Cecilia Restiffo dijo...

Hernán: comparto la apreciación de Milo, la musicalidad se manifiesta casi como ese paseo nocturno en bicicleta de la protagonista, y es en los últimos cuatro versos en los que me compadecí de esa sonámbula, que en un principio hasta me dio miedo.
El poema hace transitar al lector por diferentes estados, a la vez que recupera, en mi caso, ciertas figuras anónimas de la infancia, que fueron las que tapizaron la imaginación y alimentaron los miedos urbanos que reorganizaban la mirada de un mundo exterior poco conocido.
Bello el poema.

Proyecto María Castaña dijo...

Me parece que es un verdadero poema más que post-ema. Anduve un poco desconcertada en la primera lectura porque no leí el título y pensé que era un texto con visos autobiográficos... después caí en la "loca de la bicicleta" y mi comprensión comenzó a "rodar". Me he dado cuenta que sos medio Woody Allen porque tenés una habilidad fina para crear personajes femeninos (habrás sido mina en tus 80 vidas anteriores o, como decís, siempre has estado rodeado de mujeres).
Como a Milo me parece brillante la última estrofa, sobre todo la metáfora asfixiante del primer verso: SI EL SUELO ES EL CIELO...¡¡¡ESTAMOS EN PROBLEMAS, QUERIDO!!!

(El quinto verso me parece más largo que trámite en el Afip, pero si tus pulmones resisten en el recitado... habrá que escuchar para creer).

Saludos, amigo.

Hernán Schillagi dijo...

Cecilia: sí, los versos bien podrían ser el tránsito de una bicicleta, pero que a veces se interrumpe con un frenazo o una esquivada justo a tiempo para salvar el pellejo.

No lo había pensado, pero andar en bicicleta tiene mucho de la musicalidad de cierta poesía narrativa.

Los personajes que nos creaban los mayores para mandarnos a dormir o para tomar la sopa (en mi caso) eran medio perversos. Me acuerdo que a mis 6 años la vecina de al lado tenía una huerta que hacia el final había una pila de sarmientos enorme. A mí me gustaba ponerme a regar las lechugas y las zanahorias y no hacía caso a los llamados para ir a almorzar. Entonces desde una ventana -con una voz de miedo- me susurraban "El Cucoooo", "El Cucooo". Al tercer "El Cuco" yo ya había puesto pies en polvorosa hacia el comedor, pensando que el monstruo estaba oculto en los sarmientos.

Hernán Schillagi dijo...

Paula: ¿quién dice cuál es un verdadero poema? Pero es cierto, este texto poético no tiene el espíritu juguetón e irónico de los post-emas, aunque bien le gustaría.

Con respecto a la "largura" del 5° verso tenés razón, pero es aparente. Al no usar signos de puntuación el verso parece un chorro interminable, aunque viene de un encabalgamiento que obliga una pausa interna. Y entre "noches de verano" y "pedaleo", el hiato es fuerte. Así y todo la observación es válida y seguro que haré modificaciones.

No por nada cité a mi vecina de al lado en la anécdota de "la huerta del terror". Ella tenía dos hijas que me llevan unos 15 años. Así que mi infancia transcurrió entre labores de costura y repostería, canciones hermosas de épocas perdidas (las chicas cantaban divinamente), cuentos salidos de una tabla de planchar o una batea llena de espuma.

Para Chiquita, Coca y Esther va también este poema.

sergio dijo...

Ya le dije que el poema me gustó mucho. Yo la historia de la "loca de la bicicleta" no la tenía. Bueno, ya se sabe, yo soy del campo y allí las locas lloran a pata por las calles. Y dbe de tener su razón: recorrer san martín a pata cansa más que recorrer medrano. o sea.

ah, me mató su foto nueva.

Proyecto María Castaña dijo...

Sergio de mi vida, ¿por qué está comentando como si mandara un mensaje de texto? Chau mayúsculas, el horrible "dbe". ¡No me gusta nada! Soy de las que piensan que el mundo blog es una trinchera para defender la lengua de tanto manoseo en otros soportes. De todos modos, si al dueño no le molesta, mi comentario e intromisión terminan aquí.

Sobre figuras de miedo en la infancia, mi nona tenía una vecina anciana que me adoraba en la misma proporción en que yo temblaba de pánico de sólo verla. Ella se acercaba y me cruzaba de vereda. Pero la viejita insistía con su amor no correspondido, incluso me regaló un misal de tapas nacaradas cuando hice la primera comunión... ¡Era el de su primera comunión! En fin, el librito ése lo tiré al fondo del placard sin mirarlo como si se tratara de un texto satánico.

Hernán Schillagi dijo...

Sergio: me imagino que andabas con un ojo en facebook y otro en el aporreado teclado de los cíbers. Perdonadas las faltas, ja. No son tan graves.

Me parece que en cada pueblo o ciudad hay gente de temer (adorables al mismo tiempo). Son los que les dicen a los demás lo "normales" que son.

Gracias por los elogios y por la sugerencia de "los pelos" vía sms, que la pondré en práctica.

Pd: No insistan. ¡No doy fotos autografiadas! ;-)

Hernán Schillagi dijo...

Paula: ¡qué mala con tu pobre y católica vecina! Ni que fuera el viejo de la bolsa, ja. En algunos caso, darle un beso a una anciana maquillada exageradamente podía ser lo más terrorífico del universo. La loca de la bicicleta hubiese sido Xuxa.

Proyecto María Castaña dijo...
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