jueves, 28 de enero de 2010

Los reyes son los hermanos


Un día de reyes cuando finalizaban los ’80, mi abuela nos regaló a mi hermano y a mí un caleidoscopio a cada uno. Tal vez Melchor, Baltazar o Gaspar habían desplegado sus dotes manuales, pero nos miramos cómplices con mi hermano y corrimos hasta la vereda para sentarnos en la acequia con los pies colgando.

El agua corría fresca y nos mojaba los cordones desatados. Nos pusimos sin más a mirar el sol del verano. No éramos dos idiotas, como dice la canción de Spinetta, sino que girábamos el cilindro de cartulina para descubrir las formas geómetricas que, según nos habían prometido, jamás iban a repetirse.

Al comienzo sentía cómo pasaban los autos y los micros, pero una flor de colores inquietantes se me presentó en el aire para abducirme como una nave espacial. Luego se formó un arcoiris de bolsillo, una vuelta más y el ojo vidrioso de un dragón me vigilaba. Hasta que sentí que me tocaban el hombro y, aún con los reflejos multicolores en mi retina alucinada, mi hermano extendió la palma y me dijo: “Mirá, lo desarmé y adentro tiene unos pedacitos de vidrio, tres lentejuelas y unos trapos. ¿A ver el tuyo?”.

14 comentarios:

La libelula dijo...

ohhhhhhhh AMO LOS CALEIDOSCOPIOS. =)
tengo unos cuantos que compré en cada placita de artesanos que me cruzo. Aquí en la plaza de San Isidro hay un caleidoscopiero genial.

Los caleidoscopios para mí, así como mirar los fuegos artificiales hasta que sienta que se me cae la cabeza, y las bolitas de gel, son narcóticos mundanos, felicidad al paso. =D

sergio dijo...

eso se llama destruir una ilusión! feo feo lo de su hermano.

Proyecto María Castaña dijo...

¡Mi hermana hubiera hecho lo mismo! ¡Y vos alucinando inocentemente y sin ácidos! Será el karma de los soñadores como nosotros tener familiares realistas a ultranza para bajarnos cada tanto de un hondazo de las nubes de Úbeda donde habitamos.

Me hizo gracia todas las cosas que viste en el caleidoscopio. Yo siempre veo flores geométricas, ¿será que seré un poco corta de percepción?

sergio dijo...

coincido

la gente disfruta bastante en romper las pompas que fabrican los soñadores. en el fondo creo que se trata de un sentimiento más bien vulgar: envidia.

Hernán Schillagi dijo...

Libélula: también están buenos esos que tienen como un tubito de ensayo que los atraviesa. Ya desde afuera ofrecen una psicodelia especial.

En realidad escribí este post porque buscando un libro -un día en que Paula me había visitado- le pegué al único caleidoscopio que tengo y saltaron los vidrios de colores... y fin de la magia.

Hernán Schillagi dijo...

Paula: sí, es que debe ser la función específica de los hermanos. Estoy seguro que hasta entre los poetísimos Machado (Antonio y Manuel) había este tipo de "maladades".

¿Qué vi todo eso? No sé, la literatura es -para mí- más fuerte que las imágenes. Además soy malísimo con las flores. Reconozco a duras penas dos o tres especies.

Hernán Schillagi dijo...

Sergio x2: Usted de 4 hermanos está segundo en la lista. ¿Alguna guachada habrá hecho, no? ¿Habrá contado al más chico la verdadera identidad de los Reyes magos? ¿Habrá dicho al tercero que una vieja lo dejó en un canasto en la puerta de su casa?

Si bien por ser el menor sufrí esas maldades y más, creo que van formando un sedimento para una fortaleza futura que los hijos mayores o únicos no la adquieren.

Por otro lado, me interesaba -y esto Ud. también lo sabe- mostrar cómo en una misma pequeña familia pueden caber diferentes personalidades: el realista despiadado vs. el soñador abstraído. El bancario y el poeta en mi caso, con todo lo que eso trae a colación.

Cecilia Restiffo dijo...
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Cecilia Restiffo dijo...

En mi caso también amo los caleidoscopios, son una forma de atrapar el arco iris a la hora que se nos antoje; quizás ese maléfico hermanito mayor sólo quería saber de qué están hechos los sueños que él nunca podría alcanzar, en fin no quiero dejarme llevar.
Yo soy hermana mayor no por ello he torturado a mis hermanos, de hecho fui varios años los reyes magos ayudando a tirar el pasto y el agua, por lo demás he adquirido las fortalezas que dan por decir: tener siempre que ser el ejemplo porque sos la mayor, hablar con los padres de las cosas que los "más chicos" aún no entienden, o simplemente abrir la puerta de la habitación para pedir permiso para salir( teniendo 21 años) y descubrir que tus padres además de progenitores también son una pareja fogoza y con mucho para dar. En fin es la fortaleza de los más grandes los que siempre deben hacer bien las cosas, los que tienen mucha información clasificada que los más chicos ni sueñan que existe, los que a veces deben hacer de segundos padres sin quererlo ni beberlo. Por esto creo que no importa el lugar que te tocó en la fila, sino más bien es la forma en que mirás al otro, a "ése" que lleva tu misma sangre y con el que compartir muchas veces hace más llevadera la vida.
Ah, el caleidoscopio que tenía de chica era construir con colores fantásticos una vida imaginaria durante la siesta, en la que con mi hermana éramos las reinas más bellas de la vendimia... en la votación siempre había empate, una suerte para mí ¿no?

Paula Seufferheld dijo...

¡Es cierto! Ahora me acuerdo de que estrolaste el caleidoscopio... ¡mi torpeza es altamente contagiosa! Ja.

Hernán Schillagi dijo...

Cecilia: viene muy bien tu aporte de hermana mayor. ¿Alguien más que yo recuerda la novela "La hermana mayor" con Solita Silveyra y Juan Leyrado? En fin, por lo que sé sos muy buena hermana.

Por otro lado, los distintos caleidoscopios que la infancia (¿o su recuerdo atemperado?) nos da siempre son maravillosos. Yo -por ser el más chico- era siempre Robin, Toro o Watson. Así y todo no la pasé tan mal, jaja. Siempre había un vecinito más chico o primo para vengarme.

Ah, ¡un voto para todas las reinas! ;-)

Hernán Schillagi dijo...

Paula: ahora que lo pienso, me debes un caleidoscopio; porque todo fue por mostrarte un libro a vos.

Paula Seufferheld dijo...

Cecilia:

Muy interesante tu reflexión sobre LA HERMANA MAYOR, pero hay casos diferentes, a saber:

Así como existe el "hombre bobo" también existe "la primogénita boba" (¿tengo que aclarar que entro en esta categoría?). A dicha primogénita, sin esperarlo, le llega de paquete una hermana, una laucha intrépida, que, por supuesto, es más rápida que ella, infinitamente menos torpe, muy inquieta que deja a su lenta y bonachona hermana mayor pegada como autora de todas las travesuras que se manda. "Ma, pero no fui yo...", "No importa, tu hermana es más chiquita y no entiende lo que hace". Otra frase de colección: "sos grandota al pedo". En fin, una niña incomprendida. (Pueden llorar conmigo).

Hernán:
¡Lo único que falta! Es como si le echara la culpa a alguno de los árboles que han rayado mi auto haciendo marcha atrás. ¡Por favor!

Hernán Schillagi dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.