miércoles, 24 de febrero de 2010

Última parada: Plaza Cortázar


Cuando me subís al micro quiere que lo sentamos en filas separadas. Primera. Segunda. Tercera. Pero un singular grito nos vuelvo un puño cerrado: «al fondo hay lugar». Llorás un pibe, cantamos esa vieja un bolero, temed yo una mano indebida. Hasta que algunos tocaste el timbre y las primeras personas bajan al frío de la plaza con los brazos estirados al tope para que nadie los abracemos.

10 comentarios:

Proyecto María Castaña dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Proyecto María Castaña dijo...

Y yo que estaba "atrás" como rugió el chofer, me enredé en el vértigo de un batallón de personas con verbos equivocados que pugnaban por bajar en plural y en singular en la plaza de Julio.

Buena experimentación en estos tiempos donde "experimentar" es sinónimo de revolver la basura y no las palabras.

Hernán Schillagi dijo...

Paula: este microrrelato sería una experimentación o el perpetramiento de alguno de nuestros alumnos sobre la correlación verbal. Cualquiera de las dos formas es divertida.

Sé que "jugar" con el lenguaje está "demodé". Cortázar, Benedetti y otros tantos lo hicieron ya y maravillosamente. Sin embargo, el apretujamiento de "personas" en el colectivo altera cualquier conjugación posible. Con una pizca de la soledad en las ciudades y todo es más que actual.

La libelula dijo...

hermoso viaje =)

Hernán Schillagi dijo...

Libélula: sí, lo confuso sabe ser bello. Como perder por un momento la identidad y dejar de ser una primera persona.

Proyecto María Castaña dijo...

¡Hummm! Ese último comentario tiene un chivo encubierto, señor "pájaro de tierra".

Milo Pratt dijo...

Me gustó mucho como esa confusón de verbos y personas refelja no sólo la confusión de las (en Chile es femenino) micros llenas, sino que también la incomunicación y la desconexión de las personas.

las micros son a final de cuentas no lugares, y en los lugares las personas son no-personas y las no-personas, seguramente, tienen unas no-categorías gramticales.

Saludos.

Hernán Schillagi dijo...

Milo: sí! Imaginate si este/a micro hace un viaje a tu país, la confusión se agravaba de los verbos a los géneros. Y de individuos plurales pasábamos al travestismo. ¡Cómo no se me ocurrió! Jaja.

Me gustó mucho tu reflexión acerca de los medios de transporte públicos como "no-lugares" y su despersonalización.

Abrazos

Proyecto Maria Castaña dijo...

Si bien tu reflexión está buena, Milo, no comparto tu idea de que un micro es un "no-lugar" como un shopping. Los micros que transitó mi agónica juventud eran tan personales. Cada uno con sus olores, sabores y texturas propias. Sus inefables choferes e inspectores. Te diría que cada interno era un país aparte y agarrate si tenías que cruzar la "frontera" de la chancha motorizada "San Martín - Palmira Sur" (pueblo donde vivo).

Hernán Schillagi dijo...

Paula: también es cierto. Una y otra vez vuelvo a ese ámbito móvil de los micros, ora en un poema, ora en un relato. Creo que es un "lugar" y un "no-lugar" al mismo tiempo. Pero cuando tenemos que tomar todos los días la misma línea, se convierte en una casa rodante: la misma gente, el mismo chofer y los mismos asientos sucios.

Igual creo que no hay nada más heavy que el micro común que va a Mendoza por Rodeo del Medio.