lunes, 18 de enero de 2010

Apuntes de sal

(Un blogger en vacaciones)

  • Pinamar (y las localidades de la Costa Verde) conserva la mayoría de sus calles sin asfaltar. Casi todas son de arena y sin veredas. A la segunda cuadra, las ojotas se quedan varadas en la esquina como en un dakar vacacional. Por lo mismo, los perros cagan en cualquier lugar sin ninguna culpa. Si Donald viniera aquí cantaría con el dedo señalando al piso: El viento y la arena... un mojón, un mojón.
  • Primer día en la playa: dos chicas haciendo topless con sendos stickers en los pezones. Los señores casados del grupo (entre los que me encuentro) sufrimos una transformación diligente. "¿Alguien quiere ir a buscar agua caliente?" "¡Yo, yo!", decíamos. "¿Quién se vuelve al departamento a buscar un saquito de té?" "¡Yo voy!", se me adelantaba mi amigo. Todos los caminos, obviamente, conducían hacia los stickers. En los días siguientes no aparecieron más. Así que convenimos en que había sido un espejismo y después hicimos los mandados a regañadientes.
  • Un berretín pseudorromántico que se repite cada verano es ir a ver el amanecer sobre el mar. Aprovechamos la noche de año nuevo y aguantamos -fernet en mano- hasta las 4 a.m. No dábamos más (habíamos viajado 24 horas). Nos comimos todos los turrones, las garrapiñadas y el melón pepino de la melancia. Cuando íbamos a declinar, un canal de música puso los mejores videos de Michael Jackson: Bad, Thriller, Billie Jean... ¡Cómo levanta el desteñido! A eso de las 5:15 fuimos a pie hasta el muelle con las digitales a punto caramelo. El primer amanecer de 2010 fue de un nublado rabioso. Black or white.
  • Si Borges tituló uno de sus cuentos más conocidos "El libro de arena", no fue porque éste hablaba de un libro infinito que se multiplicaba a los ojos de los lectores. Debe haber sido cuando leía en la playa junto a Bioy y las Ocampo en Mar del Plata que se le ocurrió. ¡Cómo jode la arena en los ojos para leer! Los libros comienzan a crepitar, se arquean por la humedad de la bruma y las manos con bronceador les dan el tiro de gracia. Pero -sin duda- debe ser el momento más parecido a las vacaciones soñadas durante todo el año laboral.
  • Nadie me va a discutir que las pelirrojas son una belleza inesperada. Nuestras curiosas retinas están preparadas para miles de morochas, cientos de castañas y muchas rubias que nos roban el aliento. Bien, en la Costa Verde (Costa Roja la empezaré a llamar desde ahora) me crucé con coloradas a cada minuto y todas eran -a su modo- hermosísimas. Aunque luego comencé a preocuparme: ¿Y si son una secta que se reúne durante los veranos aquí? ¿Y si quieren dominar el mundo con sus cabezas de remolacha? ¡Hasta vi a familias enteras con sus pecas y crestas de fuego hipnótico! Como un Fernando Vidal playero, me propondré redactar "El informe sobre pelirrojos".
  • Nos esperan 1400 kilómetros de ruta. ¿Quién dijo que leer es como viajar estando quieto?

10 comentarios:

Proyecto María Castaña dijo...

Primero: hay dos apartados típicos de molusco baboso que se arrastra por la arena mojada. Te diría como Mafalda al padre cuando se le lanza con el dedo índice limpiador: "Nada, es que te había entrado una bikini en el ojo". En tu caso...¡ni bikini, dios! Sobre las pelirrojas no voy a decir nada, hombres y mujeres de su clase me parecen lo más desabrido del mundo. ¡Aguanten todos los morochos y morochas argentinas!

Segundo: Las ventiscas de arena en la playa cuando leés solo se evitan estando al ras del suelo, si estás en una silla alta, sonaste.

Tercero: Es mucho esfuerzo ver amanecer en el Atlántico (aunque ver el primer despertar del año vale la pena). El Pacífico te brinda atardeceres furiosos con mucha comodidad y sin pasar frío. Los prefiero.

Cuarto: A pesar de todas las incomodidades que enumerás, seguro la pasaste divino y espero que hayas vuelto renovado para empezar con todo este laaaaargo año del bicentenario.

Quinto: Veo que lucís el corte vacaciones invierno/verano: este Sansón sanmartiniano, ¿qué pierde con el pelo?, ¿la fuerza o las mañas? Ja.

Joyce R. R. G. dijo...

oye.. algún dia escribire sobre el pueblo donde crecieron mis padres, yaguaraparo.. tiene un compilado de magia, identidad , y belleza unica en latinoamerica..

La libelula dijo...

Si viajó en Andesmar y no se ganó el vino pedorro del bingo, me alegro, es mejor para su salud =P

las pelirrojas eran naturales? (no es lo mismo vio)

Pinamar es hermoso, una pena que se respire puro aire de top model y cuatriciclos.

sergio dijo...

Justo los dos que Paula atribuye a un molusco baboso me parecieron los más divertidos. Paula ¿hay algo de malo en mirar? Debe ser uno de los pocos placeres que aún son gratis en el mundo. Además nuestro amigo, por muy poeta que sea, no deja de ser un mortal. Para más datos hombre y argentino. Jaja

Y justamente con el apartado de las pelirrojas me pegué un viaje hacia una vieja canción del nuestro rock: Rubias, morenas, pelirrojas: a todas doy mi amor!!! (en su caso virtualmente, se entiende)

Hernán Schillagi dijo...

Paula: si bien coincido con Sergio, agrego que para esta crónica playera, el "mirar" se hacía necesario. En plenas vacaciones, yo estaba trabajando para Ciudadeseo, che!

Con respecto al "aguante los/las morochos/as" nadie lo niega y se agradece que existan, pero es que era llamativo encontrarse con tantos pelirrojos naturales. Para algunos son desabridos o feos, para mí son lo más (por lo que dije).

La historia de mi corte de pelo fue graciosa, pero pertenece a un ámbito más privado, porque involucra a mi amigo. Lo único que te puedo decri que, débil y mañoso, terminé en una peluquería de Pinamar llamada "Graciela" :-P

Hernán Schillagi dijo...

Joyce: avisá cuando lo escribás, si no mandanos unos pasajes en avión y vamos todos.

Hernán Schillagi dijo...

La Libélula: viajé en otra empresa, pero sí he sido víctima del "Bingo Andesmar", donde el mozo de a bordo con su micrófono chisporroteante de saturado dice chistes inaguantables y con la cucharita del café tenés que andar pinchando los numeritos del cartón.

Debo reconocer que las coloradas teñidas también me gustan. No es lo mismo (pasa con las rubias o las que se hacen los bucles o se pasan la planchita), sin embargo hay mujeres que llevan la "pelirrojez" adentro sin serlo por fuera.

Vos sabés que yo tenía el mismo prejucio con esta ciudad, pero bastante tranqui. Sí, los cuatriciclos rompen los huevos bastante y lo manejan niños desde los 9 años y es un peligro! Pero vi que Pinamar está teniendo, por suerte, el efecto popular a lo Mardel.

Hernán Schillagi dijo...

Sergio: ¡Hola, yo soy Luis, amante de profesión! ¿Esa es la canción que decís? Jajaja.

Gracias por el apoyo "visual". La playa es una máquina de miradas. Es como el "Cinéma verité" que cantaba Charly en Serú Girán. Y la onda era reírse de todo esto :-D

La libelula dijo...

ah con los bucles es más complicado, yo los tengo naturales y hay gente que me dice "pero te los armás, no?"
NOO. =P
la pelirrojez y el pelicortismo(?) no es para cualquiera, hay que tener carita de nena si no, da trola =P

Proyecto María Castaña dijo...

Sergio:

Vos lo sabés como yo: mirar es un placer y una frustración a la vez. Quizás sea gozoso para aquél que tiene un palo pa' rascarse. En mi caso, mirar implica dolor e impotencia. Una secuencia completa sería: mirar, asir el objeto deseado, vivir. Lo admito, este comentario es un melodrama... pero así siento hoy.