martes, 9 de julio de 2013

Cuando lo peor haya pasado de una vez





Pequeños combatientes, Raquel Robles. Alfaguara, Buenos Aires, 2013, 160 págs.*

            Ya desde su primera novela, Perder, que le valió el premio Clarín-Alfaguara  en 2008, la escritora Raquel Robles (Santa Fe, 1971) aborda sensiblemente las situaciones extremas de pérdida, ya que en esta obra narraba la historia de una madre que sufría la desaparición inesperada de su hijo en un accidente. Sin embargo, las raíces de cualquier relato llegan hasta lo más profundo de las experiencias de la autora: sus padres fueron detenidos-desaparecidos en la última dictadura militar de la Argentina. Por lo tanto en Pequeños combatientes, Robles invierte la mirada y expone una ficción de corte autobiográfico desde una niña a la que le ha sucedido “Lo Peor”.

            La protagonista tiene unos diez años aproximadamente y, junto a su hermano, queda al cuidado de unos tíos “grandes y comunistas”, luego de que un grupo de tareas secuestró una noche, sin un disparo, a sus padres militantes. La niña ha sido “adoctrinada” en la lucha subversiva y su visión es la del combate urbano y clandestino. Su pequeño hermano y ella son una célula guerrillera que ha quedado desmembrada a la espera de nuevas órdenes. Pero ella siente la culpa por no haber luchado con sus padres. Es aquí el mayor logro de la novela: la voz narradora. Robles ensaya un estilo indirecto libre al modo de una visión retrospectiva,  pero “contagiada” del enfoque y los giros de una nena que no puede asir un mundo demasiado complejo y doloroso: “Con el Enemigo si no se gana se pierde, por eso mi abuela no quiso arriesgarse. Cuando se perdió casi todo, lo que se tiene es muy importante: es lo que hace que no hayamos perdido todo”.

            Por eso, la historia irá contando al mismo tiempo las sucesivas pérdidas y los crueles aprendizajes al enfrentarlas. Pequeños combatientes, junto con Kamchatka e Infancia clandestina, viene a testimoniar la mirada silenciada de los que poco pudieron hacer ante el terror. Son esos niños que crecieron al desamparo y se hicieron adultos a la espera de Justicia. Al menos aquí, la literatura es una forma de combate que no cesa.


                                                                                 HERNÁN SCHILLAGI



*Publicado en el suplemento Escenario del Diario Uno el 6/07/2013

4 comentarios:

Jorge Ampuero dijo...

Espero leer la novela por aquí.

Saludos.

Marisa Perez Alonso dijo...

Muy tentadora su reseña. ¿Leíste"El mar y la serpiente" de Paula Bombara? Me hizo recordarla. También una niña, pero no tiene conciencia de lo que le pasó a su padre que un día desapareció e intenta que no desaparezcan sus recuerdos. El registro muy bien logrado de una niña que increpa a su madre, a la sociedad, a sus maestros. Muy linda, también.
Un abrazo.

Hernán Schillagi dijo...

Debería conseguirse en Perú, Jorge. Hay que estar atentos.

Hernán Schillagi dijo...

Marisa: apunto la de Bombara. Gracias por el comentario y el interés.