martes, 18 de diciembre de 2012

Mensajes por debajo de la puerta







En la prehistoria, es decir hace unos 15 años, cuando casi nadie portaba un celular; siempre teníamos la sensación de llegar a la puerta de nuestra casa y que, en nuestra ausencia, alguien había venido. Entonces, al mover hacia abajo el picaporte y empujar, sentíamos arrastrarse un papelito.



Imaginábamos -o presentíamos- la angustia del visitante al no encontrar a nadie. No importaba el mensaje en sí. Importaba que un resabio amargo de esa desazón se había pegado a la hoja, que la caligrafía había mutado asombrosamente al apoyar el trozo de papel en la pared o en la mano, que la tinta de la bic se le había entrecortado al escribir horizontalmente, como un código morse privado. Además, el conocido en cuestión se iba sin saber la suerte que le deparaba a su nota.



Sin embargo hoy, la mayoría de las veces, cuando llegamos escupidos por las babas de una rabiosa realidad, movemos la hoja de la puerta y nada. Ni nadie.



¿Por cuál de todos los umbrales, ya dentro de la cocina, debemos arrastrar el mensaje avisando que todavía no habitamos aquí? 



HERNÁN SCHILLAGI

7 comentarios:

Marisa Perez Alonso dijo...

Hola Poeta, casi fantasmagórico ese final... ¿Será porque se acerca el apocalíptico 21/12? Bueno, yo feliz por lo de los mensajes en papel reemplazados por los del celu (me acuerdo de su anterior, aunque no prehistórico, "poema en espera") porque he tenido desde mi propia prehistoria perros. Caninos que se ensañan con todo lo que pasa por debajo de la puerta, así he ido a pagar boletas deshilachadas, pero esas son cuentas de otro cuento... la cuestión es que los mensajes de esas visitas ahora llegan intactos a mi celu y cuando los recibo, inmediatamente respondo. Lo cual me obliga a felicitarlo por la "facilidad de palabra", como decían en forma de elogio en la verdulería de mi barrio, y me alegro porque esas notitas ya no van a parar al estómago de mis perritos.
Abrazos desde más allá de los tiempos.

Proyecto María Castaña dijo...

A mí siempre, pero siempre, desde que tengo CUIT y figuro en el sistema como empleada siempre me llegan mensajes de grandes multinacionales que quieren que religiosamente les pague lo que les debo, grandes bancos que confiaron en mí y me hicieron acreedora de sus plásticos (es como darle un arma a un niño, pobres), también apremios legales para que pague multas, la más grossa fue la de Córdoba, encima "extranjera". También recibo del correo argentino las notificaciones de encomiendas que me llegan todos los meses y engrosan mis ambiciones coleccionistas (he encontrado un hobbie que me fascina, esos papelitos blancos y azules me llenas de adrenalina.
Alguna vez me han tirado prácticos en folios para salvar la materia y no llevársela a diciembre... ¿cómo no corregirlos si se hicieron el viaje desde San Martín? Mensajes de amor... jamás, aunque no pierdo las esperanzas. Ja, muy bueno el post.

Marisa Perez Alonso dijo...

Ja,ja,ja María Castaña, me parece muy tierno que encuentres folios con trabajos de salvataje. Yo no había reparado en que en mi casa son tantos los pasos que trasponen ese umbral que muchos se llevan mensajes y no los veo.

Hernán Schillagi dijo...

Marisa: la destrucción de las boletas y/o mensajes por los colmillos caninos es otro tipo de "rabiosa realidad". Esperé hasta hoy para ver si el mundo no se acababa. Yo creo que ayer, todos tuvimos nuestro pequeño, modesto, personal e imperceptible "fin del mundo". El tema es ver qué hacer con eso ya que no nos mató, jaja. Como un mensaje inesperado por debajo de la puerta.

Hernán Schillagi dijo...

Paula: la graciosa e irónica enumeración de los papeles que van refilando el umbral de tu puerta es genial.

Así y todo, pienso que los "mensajes de amor" se dan en mano, o nada. ¿Qué es eso de mandar las palabras más importantes de nuestra vida sin dar la cara y no tener la delicadeza de esperar a la otra persona? Lo dicho: el que no espera y mediatiza las palabras de amor, parafraseando a Benedetti, que no se queden conmigo.

Proyecto María Castaña dijo...

Es verdad, será así o no será nada, cuando lleguen los mensajes de amor a mi puerta vendrán sin papel, portadas por la voz de su emisario. Gracias, me reconfortó tu respuesta.
Un beso, amigo.

sergio dijo...

Amigo:
¡Qué buena la descripción de la conducta del visitante sin suerte! Era así. Uno llegaba y si tenía una birome y un papel (cosa que no siempre ocurría) dejaba su triste mensaje: dónde están pata e perros, estuve por aquí, quería saber cómo estaban. Una especie de reclamo por el desvío o el viaje realizado ad hoc. Ahora eso ya no sucede. Ahora uno llama o manda mensaje. Ya no hay sorpresas. Igual no extraño caminar veinte cuadras o tomarme un bondi para no encontrar a nadie.
PD: Por suerte todavía hay gente que cae sin anunciarse. Cae cuando uno está en boxer en su casa. Cae cuando uno no ha limpiado su casa. Y sin embargo, no importa. Uno se viste en la alegra de esa caída en seco.