lunes, 21 de junio de 2010

Fahrenheit 451 (o cómo festejar el día del libro)



Martes 15. Día del Libro. Me invitan de una escuela primaria para que los alum-nos de séptimo me hagan una entrevista. Si el libro tiene su día, el año –pienso- es un libro ajado y cada jornada es una hoja que vamos pasando, pero sin regreso.

Entro a una sala que parece la preceptoría o la secretaría, no sé. La escuela es un caos alegre, ya que las maestras han decidido hacer actividades extraordinarias al pizarrón y la tiza: el escritor invitado (o sea, yo)/ dramatizaciones de cuentos clásicos (Los tres chanchitos, La Caperucita roja, entre otros)/ ronda de cuentos y canciones.

Hago banco con un grupo de padres. De lejos se siente monótona la Oración a la Bandera. De pronto, una de las madres eleva un libro sobre su cabeza y lo deja caer ruidosamente sobre un escritorio de lata y le dice a un padre:

-¿Podés creer que tengo que dejar de hacer las cosas de mi casa para venir a leerle un cuento a mi hijo?
-A éstas se les ocurren cada cosas. Y eso que mi mujer da Lengua, dice el hombre.
-La verdad –contesta la madre desencajada- que los libros sirven para prender el fuego del asado. Todos los años los apilo, y nada.
-Sí, y para – entonces se detuvo. En ese momento mis orejas estaban a 451 grados fahrenheit-. No, tenés razón. Sólo sirven para encender el asado.

Si el libro tiene su día, ese martes fue una hoja arrancada. ¡Un aplauso para el asador!

8 comentarios:

Proyecto Maria Castaña dijo...

No te puedo creer el diálogo de estos bomberos de Bradbury, ¿qué carnet habilita a esta gente a ser padre? El diálogo que reproducís me ha dejado desolada, será que en mi familia crecí con un respeto sagrado por los libros, ya fuera una novelita rosa de Corin Tellado o un Martín Fierro ilustrado, tenían su espacio limpio y visible en la biblioteca. Después nosotros, pobres corderos de la educación, tenemos que inculcarles a los párvulos de estos irresponsables "el amor por los libros". ¡Estamos perdidos!

Hernán Schillagi dijo...

Paula: creo que la falta de respeto viene de la falta total de conocimiento sobre lo que denostan: el libro y la cultura enorme que éste guarda para el que lo quiera abrir.

Porque realmente si conocieran sobre el tema, estarían desesperados porque sus hijos se acercaran a lo que ellos no tuvieron acceso y se lo niegan. Estoy seguro que esta madre valora más que su hijo sepa manejar el control remoto con siete años que descubra un mundo diferente en las hojas de un libro.

En fin, padres que quieren reproducir más gente aburrida y preocupada al sistema.

Monse dijo...

Son parte del sistema actual, que realmente no valoriza los libros ni su contenido. ¿Para qué comprar una enciclopedia si abro IE o Mozilla y me encuentro con Google y Wikipedia, que todo lo saben? ¿Para qué comprarle al hijo un librito de cuentos de Elsa Bornemann o María Elena Walsh si puede ver series en la tele, que son lo mismo? ¿Para qué recomendarle que lea El Señor de los Anillos cuando tiene fácil acceso a una película por la cual se va a enterar de las cosas más rápidamente?

Es una lástima que el libro pierda su valor gradualmente. No sé si es tan malo como una calamidad, ya que siempre van a seguir habiendo accesos a la literatura teniendo Internet disponible (lo que anula la profecía de Bradbury), que tanto permite la libre expresión. No obstante, ya a las personas no les importan mucho los libros... ¿Los hace malos padres eso? ¿Profesionales pobres? ¿Ciudadanos irresponsables? No, no va por ese lado. Si siguiera con ese hilo de pensamiento, probablemente terminaría diciendo que todo aquel que ve la novela de las 15:00 o que se engancha con Tinelli es una porquería.

Sigue siendo triste esa anécdota. Bradbury, no va a suceder tu distopía. Muchos seguimos en pie.

Hernán Schillagi dijo...

Monse: en primero lugar, bienvenida a mi ciudad!

Vos sabés que estoy de acuerdo con lo que decís y es lo primero que les expresé a los chicos de 7° cuando empezaron las preguntas: la tele, internet y la playstation son mucho más entetenidos que leer. Sin embargo, así como entretienen y piden poco, dan mucho menos.

El esfuerzo y la atención que supone la lectura viene siendo como el gusto feo que deja un analgésico en la boca, pero que los beneficios son insospechados y enorme: viajar en el tiempo, conocer lugares alucinantes y sumar experiencias a nuestra vida.

El tempo que conlleva leer y releer hace que todo sea paladeado y degustado más provechosamente. Lo audiovisual es una hermosa cáscara donde lo nutritivo se lo comió otro antes.

En ningún momento expresé que los padres eran malos. Sí mostré esa situación -con algo de ironía- cómo se le da valor a lo efímero y lo que se puede sacar chapa en esta sociedad consumista. Un hijo buen lector no enorgullece a nadie hoy en día.

sergio dijo...

La de esos padres es la opinión generalizada sobre los libros en la sociedad. Son una pérdida de tiempo, son muy caros, son muy boludos. Pero bueno. Desde nuestro modesto lugar deberemos seguir luchando para que los niños (y por su intermedio, los padres) se enteren de que los libros condensan sabiduría, inteligencia, conocimientos, experiencias, etc. Y si los queman, bueno, ahora los hay electrónicos.

Proyecto María Castaña dijo...

¡¡¡Ah, pero con los electrónicos estos padres no se meten!!! Si sale de la pantalla, tiene el prestigio de lo nuevo y la diosa tecnología tiene pocos herejes. Cuando comercien masivamente las pantallas que tienen el formato de los libros medianos y se pueden llevar para todos lados, estos adultos estarán orgullosos de que sus nenes tengan en sus máquinitas cientos de libros que descargaron de internet con su cable USB.

Hernán Schillagi dijo...

Sergio: lo digo casi como una autocrítica -ya que soy padre también-: ¿No será que los progenitores se dieron cuenta que un libro (bueno) hace más libres a sus hijos, más contestatarios ante las injusticias, más tempranamente críticos a los mandatos familiares? Sería mucho esperar de los padres.

Me quedo con la opción que no conocen, que ignoran su valor porque la tecnología lo es TODO.

Hernán Schillagi dijo...

Paula: pero ojo con una cosa -y eso que no soy tecnófobo-, la tecnología es "valiosa" siempre y cuando no pase de moda o no venga otro artefacto a reemplazarlo con nuevas funciones.

Un par de datos: las grandes bibliotecas a comienzos de los '90 comenzaron a guardar información en los discos de formato B. ¿Te acordás esos bien finitos y del tamaño de un posaplato? No sólo fue superado por el disquette más pequeño, sino por el CD, el DVD, el pendrive, etc., etc.; sino que cuando 10 años después fueron a abrirlos por curiosidad, gran parte de la información se había borrado. De más está decir que hay libros que han sobrevivido las 10 centurias lejos.