martes, 3 de septiembre de 2013

Verdura kirchnerista


Mediodía de finales de invierno. Cambio mi recorrido habitual hacia la zona de la parada del micro. Pizarra con grandes letras en tiza blanca: «Verdulería». Tomates y lechugas a las apuradas antes de que llegue el expreso. Entro en busca del zapallo inglés para la sopa. El verdulero -cuchilla en mano- me invita a elegir sin imponer su arma. Mientras calibra la balanza electrónica con una mano, en la otra sostiene el control remoto y prende la tele: «A ver si está hablando mi querida presidenta». Acostumbrado al desánimo me refugio en un silencio de chauchas y palitos. Pero enseguida noto en su acento norteño una alegría inesperada. Palabras de aliento para las obras de este gobierno. Intercambiamos opiniones positivas sin descubrirnos del todo, con una confianza tan difusa como auspiciosa. Salgo y veo a los micros pasar repletos de gente. Entre dientes me sale, sin aviso, esa de Charly García que empezaba: «Acabo de llegar, no soy un extraño». 

HERNÁN SCHILLAGI

lunes, 19 de agosto de 2013

Sociolingüística trucha




Estoy frente a la colorida y bizarra oferta del vendedor de películas truchas cerca del súper. Miro la «cartelera»: ¡cuántas películas han hecho Bruce Willis y Tom Cruise este año! ¿Sus clones actuarán mejor que ellos en el futuro?  Bien. En el barrio al vendedor le decimos «El del Buen Material», ya que ante la menor duda saca el reproductor y dice: «Mirá que es buen material». Y es cierto, no falla. Le pido, entonces, «Los amantes pasajeros», la última de Almodóvar. He sentido hablar tan mal de ella que me interesa cada vez más. Tengo dudas, sobre todo, del sonido. La pone y me dice: «Se escucha bien, porque son españoles y no gallegos». No respondo y sigue: «¿Sabés la diferencia?». Asiento con la cabeza, pero no me hace caso: «A los gallegos no se les entiende nada, pero los españoles son más aporteñados, con menos zetas y esas huevadas». Pago con una sonrisa y me voy con el asomo de la certeza de que un mito nace, de que el lenguaje callejero tiene reglas y prejuicios que la hipertecnología no puede disciplinar. ¡En tu cara, Cervantes!


HERNÁN SCHILLAGI

jueves, 1 de agosto de 2013

La llave del poema



la llave original


al poco tiempo de morir mi padre se me cayó
de las manos la llave de la casa familiar
la original la que permitía al cerrajero
con el esmeril hacer las copias que abren el presente
un eco metálico de una puerta doble hacia la realidad
interior y el mito «por allí salió toda de blanco
tu abuela para casarse»

resultado un diente menos y una combinación
esquiva pretérita indescifrable para un vástago
que sostiene las estrías de un código perdido para siempre

sin embargo la casualidad es puesta en duda aquí
ya que si un poema cae en lo esperado
y contradice el azar niega también su condición de llave
de clave de un texto sin justificar
con un verso faltante que quedó atrapado
en la cerradura de la boca férrea de mi padre


HERNÁN SCHILLAGI

miércoles, 24 de julio de 2013

Las puertas cerradas de la violencia




 
Siempre será después, Marisa Silva Schultze. Alfaguara, Buenos Aires, 2013, 128 págs.*


Hacia qué secretos del cuerpo abren las puertas de un espacio vacío. En Siempre será después de la escritora, ensayista y poeta uruguaya Marisa Silva Schultze (1956) se abren las páginas como una puerta doble: Álvaro trabaja en una inmobiliaria y de día muestra los departamentos para luego, de noche, convertirse en un okupa transitorio y habitarlos con sus recuerdos más salvajes y oscuros. 

La historia, por lo tanto, está estructurada en dos tiempos. En el presente, el protagonista es interpelado por el narrador en sus miedos, sus deseos, sus recorridos nocturnos por los distintos espacios donde imagina escenas virtuales de una vida paralizada: “En el vacío, nada se va oscureciendo a no ser por el aire y vos mismo. No te ves, no podés saber cómo es ese rostro tuyo sin luz y nada puede ponerte nostálgico ni desolado ni perdido”. Por otro lado, es el pasado el que se agita con violencia. Aquí el narrador cambia y nos muestra desde afuera a un Álvaro siendo niño que vive solo con su madre y a un padre que no acepta la separación. Madre e hijo son asediados a la hora de la cena por este marido que exige, tras una puerta cerrada, lo que cree que le pertenece por derecho masculino. Así, los insultos, peleas y agresiones van abriendo heridas en el pequeño que, en la actualidad, son puertas entornadas donde no hay cerradura que clausure o cicatrice tanto dolor.

Porque, con una poesía precisa y envolvente, Silva Schultze narra un episodio de violencia de género, además de sus resonancias futuras en un joven que revive  permanentemente los daños, ya que la trágica historia familiar se va colando en los umbrales  del presente. Así, los tiempos se mezclan para ser uno solo: “La bala no te mató. Solo escuchás el estampido. Un ruido breve y brutal. Ni los platos ni los vasos ni los tenedores están en su sitio. No están en ningún lado”. Aquí la puerta busca cerrarse como una cicatriz, como una revelación. Aunque no siempre sea posible.


HERNÁN SCHILLAGI


*Publicado en el suplemento Escenario del Diario Uno el 20/07/2013

jueves, 18 de julio de 2013

Un poema encontrado en un sueño





vista desde la ventana



narrar un sueño es dar cuenta de lo poco
que deja esa historia una esquirla disuelta
en los solventes de la madrugada narrar
pues la nada verbos sin acción de un pasado imperfecto
y los ojos se cierran para que la boca hable

mi mujer dice «dormido anoche repetías peltre
peltre» de qué modo entonces retomar el hilo
a partir de una palabra opaca en mi cabeza
debo así reconfigurar un guion un espacio
y la inmaterialidad de los personajes

wikipedia «aleación maleable y se deforma
a la horma de la mano cuando se aprieta»
cuál es la fuerza que tengo que ejercer
para recuperar la estructura narrativa cuál
es el metal sin nobleza que fija un secreto
y oscuro se pasea por mi sueños revelados

«el peltre» leo ya sin sorpresa «es el material
que se utilizó para tomar la primera fotografía»


HERNÁN SCHILLAGI