sábado, 25 de octubre de 2014

Un poema como promesa





bandera en tierra



creo haberte mostrado la tela delgada
que se forma entre los mensajes y la espera
cómo se enhebran unos hilos de cobre
para que la trampa de la soledad cave su vacío
hoyo de promesas haberte contado creo que la materia
de las palabras no se disuelve con el tiempo
pero se confunde con la esperanza
como sucedió con ese viajero perdido
en la espesura del cosmos
que al regresar trajo una bandera sutil
hecha con los colores de la fiebre
con la costura de las pesadillas
cáñamo de ladridos hacia la luna
y al desplegarla era nada más que polvo
sobre el recuerdo

quiero creer que te lo he advertido
que vas a dejar todo anhelo de contacto
para abismarte al universo oscuro
del cuerpo enfrentado contra la propia voz


HERNÁN SCHILLAGI

del libro Ciencia ficción (Libros de Piedra Infinita, 2014)
 

martes, 14 de octubre de 2014

El sauce del poema






el sauce interrumpido


un paseo por la ruta provincial nos concedió
una certeza plantar un sauce en el fondo de la casa
rachas de sombra verde sobre una lengua terrosa y pétrea
así mis dedos teclean los cinco caracteres y una pantalla
se abre cómo no hacia las ventanas que hemos soñado
«llorón» «negro» «eléctrico» «de babilonia» cuatrocientas especies
caen fotográficamente sin un sustantivo colectivo veraz
que permita nombrarlas en un solo gesto como también
en cascada caen los poetas que se han trepado por sus ramas verbales
desde una mesopotamia a la otra hasta llegar al dato útil
y desalentador las raíces necesitan de un espacio que no tengo
«murió antes de nacer» dice mi esposa

un dolor de cabeza pues pide ser aliviado una fiebre
de encierro y oscuridad crece en mi cuerpo
para que la corteza del sauce sintetizada en una aspirina
me pase artificial por la garganta y se disuelva
entre los jugos gástricos y las dudas


HERNÁN SCHILLAGI

miércoles, 8 de octubre de 2014

El brillo de la literatura




Salgo el lunes del odontólogo y el flaco que cuida los autos (me niego a la sinécdoque macrista de «trapito») está terminando de darle brillo a las gomas del mío. Es un Daniel San con el Blem como maestro inspirador. Mi auto está debajo de un paraíso en flor y hay pelusas sobre todo el techo. «Esto con el viento se limpia», se excusa Daniel ante el señor Miyagi. Le cuento que dos días antes me agarró la lluvia cuando iba para la Feria del Libro y que, además, tuve que sortear a otro cuidacoches que me lo quería lavar. «Ya está comprometido, jefe», le había dicho. El flaco infla el pecho y me dice que se muere de ganas de ir a la Feria, que a él le cagan de gusto esas huevadas (así lo dijo), que hace un mes había visto dos libros en el Carrefour: «Cincuenta años de soledad» y ese otro, el de «Las sombras de Grey». Sonrío sin ironía y le quiero destrenzar la confusión con los títulos, pero arremete entusiasmado diciéndome que había escuchado en la T.V Pública que alguien hablaba del trabajo que hacía García Márquez con el adjetivo y que le había abierto la cabeza. Entonces le recomiendo que no deje de ir, le pago y le aclaro -como chicana cómplice- que el pibe de la Feria me quería cobrar más barato que él. Nos reímos y me subo al auto sabiendo que hablar de literatura y lealtad en los bordes de la calle, bajo un paraíso que explota de verde, no tiene precio. 


HERNÁN SCHILLAGI

miércoles, 1 de octubre de 2014

La memoria de Hierro






 
Leo este dato por ahí (internet es una zona de curiosidad inútil): «Cuando José Hierro trabajaba triturando caucho en una fábrica pasaba las horas pensando poemas; principalmente sonetos, porque le resultaban más fáciles de recordar...». Entonces, la mente se me estira hasta rozar límites tan insospechados como pegajosos: un tipo común, tanto que es poeta, erige uno por uno los catorce endecasílabos de rima consonante en las galerías creativas de su memoria para salvarse del tedio industrial. Un poco de luz verbal entre tanta productividad negra y mecanizada (parafraseo mal a Fabián Casas). Busco un poco más y el azar tiene sus certezas. El poeta, además, escribía en los cafés madrileños, porque -por superstición- no lo hacía jamás en su propia casa. Así, entre materiales amargos, oscuros y hostiles; Hierro cincelaba los metales del idioma. Tal vez por eso cuando nació una de sus nietas, la elástica cadena de polímeros le hizo redactar como herencia: «Después de todo, todo ha sido nada, / a pesar de que un día lo fue todo…». El soneto se titula simplemente «Vida» y creo que es un intento flagrante y hermoso de querer modificar el ADN de su linaje. Hay una edad donde los seres humanos ya no admitimos cursilerías. Aunque un abuelo no debería escribir esas cosas.  



Vida, de José Hierro

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.
Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!».
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.
No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)
Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

***

HERNÁN SCHILLAGI

jueves, 25 de septiembre de 2014

Un poema monstruoso



mary shelley no dice


es cierto hay algo que se filtra por instinto
cuando has decidido sujetar entre los dientes
un secreto es cierto ya que en la boca
se dibujan unas arrugas como de flor marchita
donde la savia detenida se acumula
hasta hacer estallar todas las dudas
pero para adentro
un golpe sordo que hace eco en la cueva
viene a revelar la tinta seca sobre el papel
que igual siempre mancha
y no hay sangre que controle la electricidad
y no hay barro que dé forma a los pensamientos
sin embargo es cierto algo se filtra
como un soplo rastrero que hace abrir los ojos
al monstruo de los deseos
criatura sin dios ni vientre en la memoria
que cuando quiera entregar su llanto de mortal
el hilo de la vergüenza le comerá los labios
HERNÁN SCHILLAGI

del libro Ciencia ficción (2014)

lunes, 8 de septiembre de 2014

Un poema duplicado





el pie sobre la línea


no te alcanzan los callejones oscuros
de una ciudad hecha de niebla y cemento
no te alcanza tampoco que una sola sangre
circule por los secretos de tus venas y que cada grito
sea el eco escabroso de unos sueños replicados
no alcanza no la saliva de las víctimas
para saciar hasta la última gota
la piedra ardiente de tu violencia

has querido conocer tus límites
para saber qué se siente traspasarlos
como si intentaras contener a londres
en la isla de tu cuerpo y que el hierro de los trenes
cruce por cada una de las cicatrices y que todos los burdeles
se abran ante tu paso siniestro
y que la boca de una mujer se encuentre
con la furia de esa lengua dividida que es tuya y de otro
has querido sí hacer de la química de los pecados
una pócima que rompa la jaula del pecho
un engaño creado en el laboratorio de tu tormento
para avanzar sobre el temor de los demás

«todo lo que siga le concierne a alguien
que no soy yo»  has confesado

por eso vas a cerrar los ojos
como un último gesto para ocultar
lo que siempre ha existido


HERNÁN SCHILLAGI