sábado, 19 de septiembre de 2026

Aguanieve

 


Frío en pleno septiembre. De pronto, aguanieve sobre la ciudad: silenciosa, leve y polar. También irresuelta. Porque cae y se disuelve como un idioma recién creado y que nadie entiende. Así, el invierno se resiste con un par de ases bajo la manga antes de que el polen, las abejas y los brotes arrasen con el sistema inmunológico de los peatones.


En un precioso poema sobre las estaciones, Carlos Battilana sugiere: «Cada época tiene / la eficacia de un nombre. / Una posesión / un cierto vestigio en la luz / la memoria que sólo recorta / el significado / de unas pocas escenas…». Por el contrario, en aguanieve no hay una definición contundente para el fenómeno atmosférico y así elevarla a la categoría de recuerdo épico. Agua, nieve; nieve, agua. Esta mezcla crispada de gotas de lluvia con unos copos apenas fundidos nos desorienta hasta el estornudo. Porque los cambios de estado —de líquido a sólido— se producen de manera interior en la frase, hay una colisión semántica entre los sustantivos y el segundo vocablo se vuelve un adjetivo perplejo, pero que contiene una promesa de algo futuro: «Ojo, quizá sea una nieve de segunda mano, aunque los puedo sorprender…». Palabras bisagra entre dos realidades, cada una aferra la puerta de un mundo distinto. ¿Podré hacer un muñeco de aguanieve que sostenga una zanahoria y me permita seguir adelante?

Mientras hago las compras, con bastante menos poesía, se me aparecen en carteles otras delicias del lenguaje: salchichón primavera, asado banderita, chorizo bombón, tomate perita, durazno prisco y las anoto con una imaginaria pluma fuente en mi cuaderno espiral. Los significados vienen, van como autos que doblan sin frenar por la bocacalle al esquivar alguna falda pantalón que cruzó sin mirar sobre el paso cebra.

Me calzo los auriculares y el rock pop sacude mis estructuras gramaticales, primero con los Peligrosos Gorriones: «Agua miel / agua sorda / agua piel / agua mar / agua agria / agua cal…». Francisco Bochatón ensaya modulaciones con las piruetas verbales que, justamente, solo puede atreverse un «Agua acróbata». Después, el salto me hace caer en las aguas sutiles de Usted Señálemelo: «Tu cuerpo bailaba / mi cabeza se enroscaba / y el agua marfil confundiendo todo aquí…». Otra vez el desconcierto que provoca un encuentro inesperado de términos que se desean, a pesar de tener un origen disímil.

Finalmente, sigo camino por la calle helada y la nieve no aparece. El cielo se niega a precipitar esa gran hoja en blanco para escribir sobre ella un par de párrafos temblorosos pero seguros. Sin embargo, miro hacia atrás y las palabras se han acumulado una sobre otra: «Aunque esta herida duela como dos / aunque te busque y no te encuentre…», dice Mario Benedetti en un poema llamado, no por casualidad, ­«Corazón coraza».


HERNÁN SCHILLAGI, inédito


No hay comentarios: