viernes, 4 de diciembre de 2020
Algunos motivos para leer "Lengua padre", de Hernán Schillagi
domingo, 13 de septiembre de 2020
Sakura
viernes, 31 de julio de 2020
El ídolo inconsciente
Antes que Sandro, antes que Charly García, mucho antes que Miguel Mateos; yo tuve un ídolo: Juan Ramón.
No había cumplido aún los 8 años y llegó a mi casa el cassette «Juan Ramón 84» y fue como el «Álbum Blanco» de Los Beatles. La única cassettera del JVC de mi papá explotaba con la ranchera «La última carta» y seguía la cinta dando vueltas. Pasaban así la tristeza, el despecho, los celos, el amor y la nostalgia; todo cantado por una voz inusitada que podría haber atravesado la materia si se lo proponía.
El niño que yo era, de pronto se destapó cantando sus canciones con una potencia y una intensidad que asustó a mis padres. Como también, se deben haber reído a mis espaldas por la seriedad de mi interpretación y de cierta imitación a los yeites juanramonianos: vibraciones estrafalarias de la voz y los agudos matadores.
De este modo mi memoria, porosa y castigada, aprieta la tecla «play» sin linealidad ni contextualización: Juan Ramón en la tele y en la radio, toda la familia con mi vecina de al lado en un recital que dio en Mendoza, cierta leyenda animal con su pierna coja, los comentarios ignorantes sobre la suerte de su nombre, entre otros recuerdos del montón.
Sin embargo, como en todo cassette, hay dos caras. Y yo, desagradecido, grabé en el lado B de mi cerebro esta admiración popular, este fanatismo indecoroso. Sí, abjuré de Juan Ramón. Lo mandé al rincón de los placeres culposos, cuando quizá era el responsable de los momentos más reveladores de mi niñez. Como ese en el que vamos hasta Ugarteche, en Luján, a la casa de los hermanos de mi vecina. Luego de la cena, empezaron a templar sus guitarras, apareció un bombo de la nada y entonaron una zamba. De pronto, alguien me señaló y dijo: «El Negrito también canta...». Sin avisar, uno de los guitarreros buscó un grabador y aclaró la voz para registrar: «Con ustedes, el niño Hérnan (así, con acento en la 'e' como si fuera un artista internacional) va a hacer su debut como cantante...». Sonaron los tres acordes de «Mis harapos», cerré los ojos y abrí la boca para decir: «Caballero del ensueño, tengo pluma por espada, / mi palabra es el alcázar de mi reina la ilusión...». Toda una declaración para el resto de mis días.
Finalmente, la muerte de Juan Ramón en la mitad del invierno despierta parte de mi inconsciente, lo interpela y lo estira como una cinta gastada que, en este preciso momento, se corta.
HERNÁN SCHILLAGI
sábado, 18 de julio de 2020
Reescribir a papá
domingo, 28 de junio de 2020
«Fritanga maravillosa», la autobiografía involuntaria de Schillagi
Hernán Schillagi, escritor y docente nacido en San Martín allá por el aciago 1976, es a esta altura de la tinta y los bits uno de los nombres insoslayables de la literatura de Mendoza, en virtud de una obra sólida y profunda, cuidadosa tanto en su concepción temática como estética.
Tal apreciación, subjetiva por cierto, puede corroborarse -o refutarse, por qué no- repasando sus incursiones en la poesía con Mundo ventana, Pájaros de tierra y Gallito ciego, entre otros; en la narrativa con las novelas De los Portones al Arco y Los cuadernos de Gloria; en los microrrelatos de El dragón pregunta; y en el ensayo con La visión del anfibio y el flamante Fritanga maravillosa.
Del deseo y la intensidad
Por qué motivos alguien insiste en hablar en primera persona sobre situaciones que no le sucedieron del todo, que apenas fueron un roce cercano. Algunos responderían que es la ficción.
Sin embargo, lo escrito, visto, leído y vuelto a escribir aquí es absolutamente cierto, y no tanto: ensayos que surgen del deseo y la intensidad, crónicas de un acontecimiento microscópico, imperceptible para quienes transitan distraídos por esta realidad precipitada y servil.
Quizá, la suma de estos textos den el resultado lenguaraz y distorsionado del que escarba siempre en el mismo cajón de las palabras: una autobiografía involuntaria, expuesta y solapada en un único gesto acerca de mis pasiones (la lectura, el fútbol, el mate), de mis obsesiones (la escritura, lo cotidiano), como también un testimonio de mi perplejidad ante la tecnología y el comportamiento humano.
Como un Cesare Pavese un tanto descarado y meridional, que enfrenta el abismo de lo desconocido a punta de poesía y argumentos, elevo la apuesta y declaro: vendrá la muerte y leerá tus PDF.
lunes, 15 de junio de 2020
Fritanga maravillosa, de Hernán Schillagi
UNA AUTOBIOGRAFÍA INVOLUNTARIA
Por qué motivos alguien insiste en hablar en primera persona sobre situaciones que no le sucedieron del todo, que apenas fueron un roce cercano. Algunos responderían que es la ficción. Sin embargo, lo escrito, visto, leído y vuelto a escribir aquí es absolutamente cierto, y no tanto: ensayos que surgen del deseo y la intensidad, crónicas de un acontecimiento microscópico, imperceptible para quienes transitan distraídos por esta realidad precipitada y servil.
Quizá, la suma de estos textos den el resultado lenguaraz y distorsionado del que escarba siempre en el mismo cajón de las palabras: una autobiografía involuntaria, expuesta y solapada en un único gesto acerca de mis pasiones (la lectura, el fútbol, el mate), de mis obsesiones (la escritura, lo cotidiano), como también un testimonio de mi perplejidad ante la tecnología y el comportamiento humano.
Como un Cesare Pavese un tanto descarado y meridional, que enfrenta el abismo de lo desconocido a punta de poesía y argumentos, elevo la apuesta y declaro: vendrá la muerte y leerá tus PDF.
HERNÁN SCHILLAGI
San Martín, otoño de 2020
lunes, 8 de junio de 2020
Algunas frases que dejó la cuarentena
*No hay gmail que por bien no venga.
*Tanto va el dedo a la tecla que al final se envía.
*A cada chancho le llega su COVID.
*Si te gusta el videollamado, aguantate la interferencia.
*Y en la calle codo a codo, somos mucho más que tos.
*La letra con plataforma virtual enter.
*Más vale virus conocido que virus por conocer.
*Tapabocas vemos, caras no sabemos.







