miércoles, 1 de enero de 2014

La novela del poema



una materia pendiente


escribe sobre un cuaderno a rayas
y un alambre espiralado sujeta
punto por punto los caracteres anónimos
de una mujer que ve la novela y copia
reproduce en trazo grueso los episodios
remanidos urgentes y melodramáticos de la jornada
como si fuera un diario extranjero en su cocina
que espera ser repatriado escribe «hoy se besaron
ella no lo ha perdonado del todo» y da vuelta
la página como un corte comercial

aunque percibe su papel áspero en la historia
la birome de la mujer corre azul por las líneas
salta los surcos regados de tinta lavable hasta llegar
al margen inferior y clavarse sin más en la materia
irresuelta de su pasado para así tener la oportunidad
de alterar desde el plagio la caligrafía de sus sueños


HERNÁN SCHILLAGI

martes, 17 de diciembre de 2013

El perfume de los libros



            
Jean-Baptiste Grenouille, el protagonista de «El perfume», del alemán Patrick Süskind, nace como todos: para morir. Sin embargo, su condición de hijo indeseado en una maloliente París del siglo XVIII le otorga inexplicablemente dos poderes, uno extremo y el otro tenue. El primero, el que todos conocen, una capacidad olfativa inconmensurable. El segundo de los dones, ser inodoro ante los mortales. Sí, Grenouille no hiede en absoluto. «Los libros y la noche», escribió Borges sin quejas en uno de sus poemas  más famosos. Estas «ironías de Dios», convertirán al personaje francés en asesino, en vez de poeta.

Por una sencilla razón venía esquivando esta novela de Süskind hace años: sufro de anosmia, es decir, no tengo sentido del olfato. Pienso que será por mis alergias respiratorias o por la mar de corticoides que me dieron de tomar cuando chico que atrofió casi en su totalidad uno de mis sensores para enfrentar al mundo, pero nunca me traté esta patología en especial. Cualquier persona, por ejemplo, puede distinguir entre más de 10.000 aromas, aunque a mí me son fieles (¡otra vez Borges!) únicamente la cercanía de una cáscara de naranja, el café de la mañana y la menta recién cortada. Nada más. Pero al avanzar cada página de «El perfume», el poder evocativo de las palabras se me pegaba a la nariz y provocaba un placer inédito en  mi lóbulo frontal, en esa zona cortical donde las moléculas hacen estallar los recuerdos y los muestran humeantes como panes recién salidos del horno.

Al revés de Grenouille que necesitaba oler hasta la última partícula de la madera para decir el vocablo «madera», yo logré hacerme una fiesta olfatoria con las palabras hasta que la imaginación libresca pudo crearme una mucosa que atrapara aromas tan fugaces como fatuos. Así descubrí mi otro don mezquino y sutil, ese que se acciona siempre en oxímoron ante las adversidades: leer con todo el cuerpo, con mis cuatro sentidos en estado de máxima alerta y salir sin más armas a una intemperie cimarrona. ¿Pueden los libros remendar transitoriamente algún tipo de discapacidad?¿Qué más se puede «aspirar», entonces, al leer una novela?

HERNÁN SCHILLAGI 

domingo, 15 de diciembre de 2013

Un poema a la parrilla





el espacio exterior


buscamos sin suerte la cruz del sur en el verano
de un patio de provincia aparecen así las palabras
«meridiano» «coordenadas» «círculo polar» «astrolabio»
en fin navegantes telúricos de los doce tomos de la enciclopedia salvat  
que le hablan a la noche como a esas latas de conserva perforadas
con un hilo anudado en el fondo para que del otro extremo
alguien reciba los temblores de nuestra desorientación
los errores sin límites que traspasan la resistencia de la atmósfera
y llegan hasta el vacío más lejano y secreto

mientras sobre la parrilla dos pedazos de carne
lanzan señales de humo hacia el firmamento
y esperan la dentellada certera que los haga desaparecer
de la apacible faz de la tierra


 HERNÁN SCHILLAGI

sábado, 30 de noviembre de 2013

El insecto exterior


Todos recordarán este episodio final de «La metamorfosis»: luego de una aparición inesperada entre los inquilinos, Gregorio Samsa muere con el cuerpo podrido y solitario. La sirvienta se deshace del cadáver entre gallos y medias noches, para que la familia -sin reparar en los detalles escabrosos- salga a pasear aliviada por la ciudad. Así, el cuerpo de Ricardo Fort fue despedido por su familia: aislado, ocultado y negado. Sin las exequias pomposas que «Polinices Fort» hubiera querido, ni con una Antígona que lo reivindicara. Por lo tanto vimos cómo la madre saludaba a lo «Evita» (pero de Andrew Lloyd Webber) y repartía sus espantosos cidís a los burlados fans. Al revés del personaje de Kafka (y a contramano de los de su clase, sin quererlo), el millonario se había transformado en un enorme insecto público, en un monstruo que se mostraba. El que supo pagar su fama con dinero, tuvo que pagar con dolor y vergüenza ajena su muerte. 

HERNÁN SCHILLAGI

jueves, 28 de noviembre de 2013

Un poema y el efecto mariposa







la huella de la mariposa



no te encuentro como solía hacerlo antes
no te hallo ni tu calor se me pega en los dedos
busco porque de otro modo aceptaría vivir con la sed
busco porque somos el sueño cristalino de los peces
que avanzan dormidos por la noche del mar

somos el fondo de un aljibe
sin cielo arriba sin agua abajo
ni recuerdos ahogados
somos quizá la línea frágil de los años
con una sola puerta al pasado y al perdón

«este amor tiene su mariposa muerta
que nadie debería haber pisado» decías
así mi cabeza retomó los pasos
centímetro a centímetro deshizo la madeja de alambre
que los minutos hacen crecer en el olvido
hasta roer en la seda y plegar las alas
pero ahora no te encuentro no te hallo
como solía hacerlo antes entre mis manos

a todo aquel que modifica el jardín de los recuerdos
el tiempo en su laberinto recto y descendente
oculta todas las llaves en el futuro

busco seguiré hasta que te encuentre
porque somos esa huella abandonada en la luna
que se niega a desaparecer y desafiante
espera que un viento el primero tal vez
venga a borrarla para siempre
de la memoria de las estrellas


 
HERNÁN SCHILLAGI

del libro Ciencia ficción (inédito)

jueves, 14 de noviembre de 2013

Un poema en el camino



hoja de ruta


para ella viajar es abrir una ventana ella
recorre los cegados pasillos de su casa
como aquel que toma un tren a la noche
pero el boleto está escrito en una lengua arcaica
así entreabre la puerta que da a la galería
sabe que va a emprender el camino
más largo y desprolijo el recuerdo

abrir una ventana dejar que pase el viento

para cada uno de sus furtivos paseos
elige una ventana diferente hay veces
que sin intención sacude los postigos
entonces no alcanza a abrir una hoja
que ya se encuentra en la ruta
o bien camino hacia una época
donde alguna vez se dejó transitar mira
recorre sin caminar «veo las líneas de tu mano
me quedaría solo con la hoja de ruta
que traza tu futuro sobre mi piel»

hasta que por las tardes la campana
de la iglesia la llama a clausurarse en la realidad
ella sabe que en esas aberturas
de hierro madera y carne le aguarda lo ilusorio
aquello que no podrá asir
también sabe que una vez cerradas
los vidrios le devolverán implacables su rostro.



HERNÁN SCHILLAGI

sábado, 19 de octubre de 2013

Un poema como un jarabe






lengua popular




toda alergia se aplaca pero no se cura

así una reacción interna irrefrenable sale
brota y taquigrafía el cuerpo con marcas
impronunciables que luego borra el decadrón
pero el gesto anárquico de transcribir
el habla cotidiana desde la piel impacta
en los alvéolos en el intercambio de sangre
y tinta en el papel oscuro de un escriba
que se rasca tose y escupe sin oficio
ni diccionario cada una de las palabras
que de la calle apenas van a conocer
el ruido la intemperie y el olvido 


HERNÁN SCHILLAGI