miércoles, 10 de octubre de 2012

Variaciones a partir de las hormigas





 1.Mal bicho

Una mañana de lunes me levanté francamente incendiado. Mi cara en el espejo volvió a enumerarme los vasos de cerveza, las salsas picantes y la chocolatosa torta que mi hígado había tenido que soportar en el cumpleaños de una amiga. Cuando pude fijar la vista, noté sobre el blanco de la cerámica del baño, una fila interminable de hormiguitas negras exploradoras. Peregrinaban en imperturbable línea recta, de izquierda a derecha, como un renglón que le peleaba duro al hambre.

Enseguida recordé un mandato supersticioso que arrastro desde la infancia: «Las hormigas rojas son del Diablo y las negras, de Dios». Como no eran de las coloradas, aplasté con el dedo -sin temor a represalias demoníacas- las que más pude. Luego rocié con raid todo el impronunciable trazo que formaban hasta la banderola del baño.

           
2.Alma, si tanto te han querido
José Saramago

Era la siesta. Leía en el baño a José Saramago y se me entrecerraban los ojos: «Qué poder es ese el tuyo, Veo lo que hay dentro de los cuerpos...» Se me nublaba la vista, cabeceaba cada dos segundos: «Has visto el alma, Nunca la vi...» Entonces apreté derrotado los párpados y volví a abrirlos. Líneas y líneas de pequeñas hormigas de tinta intentaban redactar en las hojas del libro otro Memorial del convento. Manoteé hacia la mochila del inodoro, pero esta vez el insecticida era inocuo para esta clase de hormigas verbales que iban y venían sobre el papel. Algo sospechó de esto, seguramente, Anahí Mallol cuando escribió en un poema: «una hormiga/ se aventura/ más allá/ siempre más allá/ del límite marcado con su olor».

           
3.Mensaje en una botella

Me fui a la habitación un poco confundido. Unos versos de mi amigo Fernando G. Toledo se me venían empastados a la memoria y empujaban para salir. Busqué en mi biblioteca su libro Diapasón y leí como si ya lo viniese paladeando, «Me he preguntado quién/ En esta espera errónea/ Escribirá para otros/ Las cosas que yo necesito». El poema, en efecto, habla de posibles «emisarios» que tal vez andan por el mundo redactando las palabras justas para cada uno de nosotros. Entonces volví a pensar en las hormigas, en esa hilera indómita de puntitos negros sobre un fondo blanco, pensé en las palabras de los personajes de Saramago, en cómo las hormigas se retorcían mudas por el veneno y borraban para siempre esa frase sin idioma, que tal vez yo andaba precisando, pero que aniquilé sin piedad. ¿Es, acaso, la literatura -con sus escritores- un emisor involuntario e inesperado de señales que una a una vamos eliminando con el olvido o la distracción sin saber que nos estaban salvando?
           
Es posible que dentro de mi cuerpo de lector no tenga un alma. Pero de ahora en más voy a estar siempre atento. Ya que quizás, también los libros inoculen un veneno imperceptible que dura años en llegar al corazón del sistema nervioso, como una botella que flota sin rumbo hasta que alguien en una orilla destapa su breve pero potente mensaje y ya nada vuelve a ser como antes.


HERNÁN SCHILLAGI

martes, 2 de octubre de 2012

Un poema para adelante





mecánico de la palabra


como una escena robada de una película
del cine nacional empuja con los dedos engrasados
de tinta su viejo auto bajo la lluvia
«para qué me sirve la poesía» repite «para qué»
si el motor no responde a sus bucólicas quejas
empuja puja y campuja vocablos contra el paragolpes
y las balizas le marcan la intermitencia
de su confundido corazón la indolencia
de su mecánica literaria ante el carburador
las oscuras transmisiones y los cables indiferentes
por eso empuja con el cuerpo entero
para llevar la mole de su torpeza hacia adelante
hasta que sin más toda la lengua le quede afuera


HERNÁN SCHILLAGI

martes, 25 de septiembre de 2012

Quieren rock



Acto único

ÉL: (con malicia) - ¿Me dejarás dormir al amanecer entre tus piernas?
ELLA: (desdeñosa) -¡Me arde! Me duele todo el cuero.
ÉL: -No te culpes, mi amor, si te falta valor. Porque nada es para siempre.
ELLA: (con furia) -¡Podés saltar de un trampolín!
ÉL: (reflexivo) -Comprenderás que es amor lo que sangra.
ELLA: -En esta sucia ciudad, no hay que dormir ni parar.
ÉL: (levantando el índice) -¡Casualmente, yo te conocí una noche como hoy!
ELLA: (con sorna) -¿Cuál es tu tumba, tu tumba?
ÉL: -¡Andá por la sombra y cerrá bien el portón!
ELLA: -Voy camino rumbo al sur, donde no cortan la luz.
ÉL: (arrepentido) -Te amo, te odio. ¡Dame más!

lunes, 10 de septiembre de 2012

Un poema para comprar una casa







un nuevo hogar


a ella le gustaba visitar casas en venta
a ella le sobrecogía el corazón sentir el eco
de sus pasos en los cuartos vacíos a ella también
le erizaba la piel sentirse amenazada por la presencia
única del vendedor inmobiliario en los pasillos oscuros

a él le gustaba que le tocaran clientas solitarias
a él le sobrecogía el corazón echarle llave
a una casa deshabitada a él además
le erizaba la piel el tono de voz de una mujer
con miedo en los pasillos sin luz

«aquí se podría gritar y nadie vendría
a mirar qué sucede» dijo ella
«salvo que los gritos fueran capaces
de derrumbar las paredes» dijo él

uno de los dos sonrió primero
pero la penumbra apresada dentro de  la casa
no permitió que alguien lo viera
para poder narrarlo tiempo después


HERNÁN SCHILLAGI

sábado, 25 de agosto de 2012

Un poema para El Eternauta




 como la canción del mano


 sin embargo el miedo admite su derrota
y no has terminado de arriar la última de tus banderas
para que un viento oscuro llegue te cierre los ojos
y una fina ceniza comience a caer de tu rostro

si tan solo con un soplido sobre tu frente
pudiera borrar todo rastro de terror en tus recuerdos
para que volvieran a levantarse las montañas heladas
de tu blanco hogar hace tiempo abandonado
tal vez así alcanzarías el valor de tu numerosa mano
y el reflejo de dos soles comenzaría a jugar en tus cabellos
como dos niños desnudos en el agua

sin embargo no el miedo expulsa su veneno
y es un barro íntimo que sofoca toda rebelión
una lengua amarga que libera tus secretos
un artificio que te muerde las venas por dentro
hasta que de tu garganta nace un himno de muerte

como si tanta belleza fuera un antídoto
para todos los que nos quedaremos sin tu voz



                                                           para Héctor G. Oesterheld  


HERNÁN SCHILLAGI


del libro Ciencia ficción (inédito)

*Algo inconcebible en estos tiempos, quieren prohibir el ingreso de El Eternauta en las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires. Leé aquí.

lunes, 20 de agosto de 2012

Está lenta la computadora


    

            Apretás un botón, se enciende una luz verde y la pantalla abre su ojo de cíclope que lo observa todo. Tenés acceso a Internet las 24 horas, los archivos de todos estos años de trabajo, una novela por terminar y tarea, mucha tarea atrasada. Sin embargo, una barrita que va de izquierda a derecha, como un gusano recurrente, te detiene el ímpetu.

            Después se pone todo negro. Tus dedos comienzan a tamborilear. Luego aparece el escritorio de la compu más cargado que una mesa de cidís truchos: archivos, programas, fotos, videos, carpetas. Pareciera que un manco medio dormido está repartiendo las cartas en la oscuridad. Ponés la pava para el mate. Volvés y el antivirus te avisa que hay que renovarlo y que lo podés hacer más tarde, o reiniciar el equipo. ¡Con lo que te costó llegar hasta allí!

            Entonces, agarrás el mouse con bronca y querés cancelar, eliminar, negar todo lo que te propongan. Hacés el gesto con la mano de bronca y desprecio, pero el puntero está estacado en un rincón. El ventilador de la torre empieza a bufar y un infame relojito de arena se pega al puntero y no te deja hacerle click a nada. Tu dedo índice se convierte en un minero furioso de tu nariz y de tu oreja. Te vas a lavar las manos, volvés y notás que la página del buscador en la web se ofrece dócil. Querés comentar un post, no lo publica. Entrás a Facebook, no se ven las fotos ni los mensajes privados. Te morís de ganas de ver un video en Youtube, se corta tres veces hasta que se detiene para siempre. Te dormís y soñás que enviaste un archivo adjunto en menos de 20 minutos. Cuando te despertás, una ruedita burlona sigue dando vueltas. Por mientras, ya leíste completo un libro de recetas de cocina que estaba sobre la impresora, lavaste, secaste y guardaste los platos, terminaste de tejer bufandas para toda tu familia y te bajaste cuatro termos de mate (con sus respectivas idas al baño).

            Finalmente, golpean la puerta. Es un amigo. Le contás que la computadora está hecha una tortuga, que se clava como una papa a cada rato, que la vas a prender fuego.

            -Tranquilo- te dice-. ¿Por qué no la llevás a arreglar?
            -Estás loco. ¡No tengo tiempo!

lunes, 6 de agosto de 2012

Un poema sin futuro




el orden natural


tarros de leche entre las ramas
hacen su nido colgante
y raspan de óxido el aire
en la media mañana

mi vecino sostiene con una mano
sus pantalones de gabardina y con la otra
castiga a cinturonazos toda la quietud del tronco
de un naranjo «hay que ofenderlo con golpes y basura
para que corra la savia» me dice y las palabras
se le mezclan con la sal del sudor

los alambres de púa rodean el cuello del rehén
sus flores blancas son los gritos
de una espinosa confesión arrancada
no hay corteza que soporte la escritura relampagueante
del miedo los tejidos de conducción permiten la fluidez
del agua los azúcares y los minerales
los quejidos sin dirección buscan el fruto
detenido que se resiste bajo la tierra

porque una vez que la naranja
sea presa del puño humano y ceda
al filo del cuchillo sus palabras serán amargas
y sin semillas un agridulce mensaje
de no continuidad que subvierte el orden natural
es cierto pero que no se delata



HERNÁN SCHILLAGI