sábado, 17 de diciembre de 2011
Los escritores del adiós
¡no seás pavese! me dice
y yo me quedo manzi
pero arremete sin saer que me lastima
¡no me márquez esta soledad de cien años!
le pido sin pen-sarlo
esquilo los pelos parados de su mal humor
¡no me sófocles! me grita
arranco su vestido escohotado
¡no te fuguet así! le respondo
como si estuviera a mil millás de aquí
y mi llanto rebalsa las fuentes de tanta impaciencia
entonces ya no sé ni quevedo ni qué escucho
con este sofocante lorca en el corazón
y este frío que me cortázar las palabras
acaso no me hayas amado
como a dos maridos mi flor
quizá nos faltó un poco de paz y sol
en la piedra de nuestra casa
tal vez solo llegamos a la ribera del amor
con tanta vorágine de reproches
pero yo sé que algo se quedó girondo
en el tranvía de tus sueños
y todas mis noches me llevan abós
y un aire donoso se ríe de tu adiós
martes, 6 de diciembre de 2011
Poema para leer con los ojos cerrados
gallito ciego
ella también se cansó de este sol,
viene a mojarse los pies a la luna...
Luis Alberto Spinetta
ella además sabe estar entre todos
sola lo ve y quiere jugar
de la única manera posible a oscuras
no hay vendas tampoco rostros
sus manos disponen del poder de la mácula
pero son su voz y las palabras
las que a él le detienen la sangre
«mis dedos te recuerdan de otra forma
que mi cerebro» dice ella
«a la memoria la afectan los años los dedos
son los soldados del tiempo» responde él
«entonces la guerra podrían ganarla los besos»
él ya le sonríe adentro de su boca
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Un poema incómodo
lengua franca
Date prisa. Súmate a la orgía
aquí entre las hojas...
Ted Hughes
su paciencia de agua diluye las sales
del tiempo sabe que es frágil entonces
avanza con su casa perfecta
sobre la espalda un tardío hogar
de idiomas y espirales abiertos
pero él que conoce cómo esconder
el rugido del mar es el único
ser con la valentía suficiente
de abandonar la belleza absoluta
cuando le queda chica
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Duro de engañar
El domingo me rebané la punta del dedo índice de la mano izquierda. Un corte poco profundo, pero lacerante. Desde ese momento me lamenté al escribir en el teclado, al enjuarme la cabeza, sufrí para llevarle la mochila a mi hija, para subirme el cierre del pantalón, para frenar con la bicicleta. Hace días que veo estrellas de dolor en mis pequeños actos cotidianos.
Entonces se me vino a la cabeza Bruce Willis, más precisamente su personaje inoxidable de John McClane en Duro de matar. El tipo recibía trompadas, balazos en los hombros, caídas y raspones innumerables como si nada. Así, seguía firme y sin un “ayayay” que delatara su humanidad. Me sentí un pelele.
Cuando era chico y salía del cine luego de ver una del otro Bruce, Bruce Lee, en el traspaso de la oscuridad de la sala a las luces de la tarde en la calle me creía, por un instante, el mejor de los karatecas. Entonces tiraba patadas a lo loco hasta que un correctivo materno me devolvía a mis tiernos y debiluchos 7 años.
Es que las ficciones se nos inoculan como si fueran analgésicos de efecto rápido, pero que pierden eficacia a la primera zancadilla de la realidad. ¡Ay! Yo no me las vuelvo a creer nunca más.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Un poema trampera
hasta que te encuentre
los dos sabían que el amor
no es una trampa los dos sin duda
sabían lo que es ser capturado una cita
a la que no podemos faltar una lengua
que se anuda a un secreto
sin embargo cuando uno de los dos
hizo crecer la ausencia como una red
echada hacia la lluvia los dos supieron
que el amor es un animal herido
por el que nos mordisqueamos sin piedad
para beber sorbo a sorbo
la barbarie de toda su sangre
sábado, 22 de octubre de 2011
Etimología del derrumbe
En más de una ocasión hemos escuchado alguna de estas frases ante un episodio trágico o irreparable: «Lo vivo como una desgracia», o, «La desgracia nos ha alcanzado irremediablemente». Sin embargo, este carácter exagerado de un hecho negativo tiene un germen, un momento seminal donde lo patético actúa como el puntapié inicial.
Si la salida de un laberinto supone una voluntad de hierro, respuestas audaces ante los cambios bruscos y las sorpresas desagradables; algunos han ensayado -no sin ironía filosófica- que de los laberintos mejor se sale por arriba. ¿Será por eso que cuando vimos a uno de nuestros últimos presidentes escaparse de los conflictos sociales y económicos a bordo de un helicóptero, sentimos que la desgracia se nos había instalado para siempre?
Otro caso que mantuvo en un hilo el aliento de todo el mundo mediático fue el de los mineros en Chile. Treinta tres tipos sepultados en vida -alusiones religiosas abstenerse- por la voracidad capitalista y el desprecio a la integridad física de los trabajadores. Ríos contaminados de tinta amarilla corrieron para poder explicar la desgracia y la desesperación. «Rescate épico», «Causa nacional»,
«Unidad del pueblo» se estamparon como graffitis en las paredes subterráneas de la vergüenza humana. Porque lo que nadie se animaba a proferir era que diez minutos antes del derrumbe poco importaban las condiciones de higiene y seguridad de los «33 héroes». La sonrisa de crema dental del presidente trasandino se apostaba sobre la cápsula de evacuación para intentar, paradójicamente, opacar con su brillo la verdadera fotografía del desastre.
fanático, desgarrador y mamarracho de: «¡Estamos en la B, nooo!». River Plate, «Tu grato nombre», rezaba su himno fundacional. Los autoapodados «millonarios» y adalides del «fútbol champán» supieron mirar por sobre el hombro al resto de los «pobres» equipos del campeonato de primera durante más de un siglo. Treinta y tres campeonatos -como los mineros- los colocaban en la cima local. «Ustedes nos odian, nosotros les tenemos asco», sabían gritarle a su otrora y bostiento primo de la ribera. Hasta que un fatal día, la gallina de los huevos albirrojos empezó a ser saqueada, desplumada en su elegancia y donaire. Así, todos los «humildes» repararon en su vuelo bajo y le perdieron el respeto, la pusieron en «promoción» y se hicieron un pletórico puchero en la olla más popular que se haya visto (y comido) jamás. Algo se había roto para siempre.
Entonces, cuál es la raíz de estos tres botones pegados a una desaliñada camisa. La mala suerte, dirán. Me permito dudar, ya que la fortuna supone un hecho externo, malhadado, ajeno a nuestras pretensiones y anhelos. ¡Como si la desgracia nos cayera encima en forma de piano o cornisa! Aquí la etimología nos guarda una obvia revelación. La ensayista Ivonne Bordelois descorre el velo: «En el mundo de la palabra existen leyes y magias ineludibles. Una de ellas es el poder de enhebrarnos, a través del estudio etimológico, en esas genealogías que brillan en las cavernas como gotas deslizándose en las paredes de una gruta inacabable…» Por tanto, desgracia: pérdida de gracia o favor. Sí, amigos. El desgraciado no es solamente al que se le esfumó la felicidad o extravió su estrella; desgraciado es aquel a quien, poco a poco, se le fue escapando el encanto. Una fuga imperceptible de los mohínes que lo distinguían y lo hacían espléndido, hasta que las brujas de la tragedia le cantaron el nocaut. Quizá, Charly García (cuerpo emblemático de la des-gracia) ya lo avisoraba en una de sus canciones: «Quisiera ver ese mar/y veo esta pared/yo ya no sé qué hacer…»
Por lo tanto, tenemos a De la Rúa entregándole el destino económico al padre de la bestia convertible, Domingo Cavallo, para luego marearse en un set de televisión y confundir nombres hasta el bochorno. Sebastián Piñera, el de la sonrisa imperturbable en las buenas, tanto como el del gesto desencajado y represor ante las manifestaciones juveniles por una educación gratuita y de calidad. Por último, River Plate, que se subió solito al tobogán irrefrenable del descenso, negó su origen portuario y marginal, mezquinó el buen juego, despilfarró laureles y cayó en las amargas profundidades del fútbol pseudoamateur.
Mi madre me decía siempre que no hay que mofarse de las desgracias ajenas. Pero en estas tres situaciones -y en otras más, seguramente-, ha sido la falta de gracia la que posibilitó el derrumbe. Hay que decirlo y avisarlo a quien no quiera oír. Como también lo sospechó el genio de Oscar Wilde: «El hombre puede soportar las desgracias que son accidentales y llegan desde fuera. Pero sufrir por propias culpas, esa es la pesadilla de la vida».
jueves, 13 de octubre de 2011
Peter Pum
Crecer es el límite. El cuerpo de los adultos se agiganta solo para que le entre más basura. No deseo para mí un hogar, como la traidora de Wendy. Aprieto el gatillo. Pum.
Era la última cebita. Ahora me queda aprender a caminar entre tanta gente sin alas.
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