
Ansioso, no esperé tener el contacto con las verdes sierras puntanas ni encandilarme con el áspero azul de El Carrizal. Bocinas mediante, he aquí el poema (mejor dicho, post-ema):
Fundación mítica de la diversión
Fundación mítica de la diversión
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida
Enrique S. Discépolo
jugábamos a que un anillo
podía volar hasta atraparlo
y en un pase mágico fuera una luciérnaga
jugábamos porque la siesta
era eterna y todas las hojas de los árboles
no alcanzaban para esconder el sol
jugábamos lo sabés
a que un pedazo de yeso
podía dibujar a los saltos el cielo
porque no nos quedaba otra jugábamos
porque en la tele había dos canales
media hora de dibujos y gente seria
que oscurecía las nubes con malas noticias
y porque además el nintendo y la playstation
estaban tan lejos que nos divertíamos
al crear del aburrimiento un mito
12 comentarios:
Ninios imaginativos los de entonces!!! A mí una caña y un par de plumas me alcanzaban para ser un comanche (o ud creyó que siempre quise ser una bataclana del Maipo). Igual, mi papá decía que en sus tiempos... decía más o menos lo que dice ud. O sea, parece que los niños se ponen cada vez más exigentes.
Sergio: la propuesta de este texto es ambigua, ya que si lo miramos al derecho y al revés vemos que sí, la imaginación era frondosa por la falta de recursos electrónicos, pero al mismo tiempo éramos ignorantes de la maravillosa tecnología. ¡Y no sabíamos lo que era divertirse de verdad!
¿O acaso no es mejor pasarla bien sin ningún esfuerzo creativo? El "family game", el "nintendo" y la "play" vinieron a decirnos que lo que "jugábamos" antes era un plomo. ¿Si no por qué cayó en desuso? Es por eso que -ante la derrota aplastante- hemos creado toda una mitología de la diversión de nuestra infancia.
Debemos recordar que por problemas energéticos, durante mucho tiempo la tele empezaba a las 18. ¿O usted es muy chico, poeta, para recordar esto?
A diferencia de Sergio, yo si era bien "diva" -nada más lejos de quien soy ahora- y me disfrazaba de la mujer maravilla, aunque por lo chismosa que era en el primario todos pensaban que tenía los dones auditivos de la mujer biónica. Por otro lado, tenía mi lado marimacho y no había árbol de plaza que no se salvara de mis escaladas.
Convengamos en que uno partía con destino incierto a las tres o cuatro de la tarde, volvía a las nueve con la pinta de los niños sucios de las publicidades de Ala y nuestros padres nos daban piedra libre sin ningún temor. Esa seguridad cambio para mal y da mucha bronca que los chicos de ahora no tengan esa libertad.
Sobre tecnología, a los 13 tuve mi primera CZ SPECTRUM y pasaba las tardes haciendo en Basic la bandera de Estados Unidos... ¿¿¿Qué daño irreversible puede haber causado esa actividad que yo creía inocente y divertida???
Hermano Hernán:
antes que nada, muchísimas gracias por pasar por el blog.
(también hay música mía si desea escuchar, y audiotextos si desea descargar)
mucho más le agradezco que esté padeciendo "la otra cara de la almohada", y que tenga una opinión amable de él. es un libro al que le tengo mucho cariño, sobre todo por todo lo que pude descubrir de mí, de lo que pretendo como escritor, mientras lo escribía. pero no se preocupe, después del sufrimiento rápidamente llega el olvido.
su libro me espera ansioso, pero por cuestiones universitarias me he obligado a un ayuno de poesía hasta el 30 de noviembre, día en el que rendiré Semiótica o moriré en el intento (una de las 4 que me quedan). por lo pronto, y por lo poquísimo que he leído bajo los efectos de la euforia de recibirlo, me ha resultado muy grato encontrar un libro así. sobre todo en su valor programático, es decir, en su integridad, en su concepción de "libro de poesía" y no simple "poemario".
y, cambiando el angulo de la información... yo me ahorré todo en Bariloche para poder comprarme una Play Station 1!!! Y me cagué entero jugando Silent Hill!!!
antes era todo cabeza... un palo, un arma de juguete, y a conquistar el mundo.
los poetas de mañana, nos darán poemas obvios, semi digeridos, casi casi televisivos?
a veces pienso que lo mejor que le pudo pasar a mi vocación de escritor es no haber tenido cable hasta los 14
saludos
(y... lamento decirlo Paula: después de leer tus actividades vespertinas de infancia, debo concluir que estás en graves problemas)
Damián (el extenso comentador)
Pero al no tener nintendo ni playstation, ¿esos niños dejaban de divertirse?
Las opciones se agrandaron, los gritos y los ring-raje se convirtieron en ojos estáticos y cuerpos sedados. La imaginación, ¿dónde quedó? El crear mundos distintos, la inocencia de la niñez. Los chicos que,como dice Paula, volvían sucios de tanto jugar ya rara vez se ve en los barrios. El miedo nos va alejando y el contacto con el otro se va pareciendo más a un recuerdo.
Las comodidades están buenas, siempre y cuando no sean la única opción, lo único que nos queda.
Paula: seguro que recuerdo esa época de crisis energética y escasez televisiva. Yo tenía unos 11 años y creo que eso me hizo lector. Nunca me dejaron salir en las siestas, así que meleía cuanto Condorito o Patoruzú anduviera por mi casa. Y si no me iba a mi "internet" de esa época: el Diccionario Pequeño Larousse Ilustrado. ¡Qué maravilla linkear página a página! Aprenderse las banderitas, reconocer los mapas y leer las vidas de nuestros antepasados.
También intenté con la CZ armar la bandera yanqui, pero un germen antiimperialista me hacía apretar mal el teclado y me salía verde, ja! Eso sí, qué locura que nos agarró con mi hermano con las dos barritas y la pelota cuadrada que simulaban un partido de tenis.
Damián: ¡bienvenido a mi ciudad! Qué bueno tener varios modos de "leernos".
Sí, el cable yo lo tuve un poco antes (soy sensiblemente mayor que vos); sin embargo también, en la primera época, comenzaba a las 20. Un bajón.
Luego me volví loco con los "múltiples juegos" del Family Game: el Mario Bros, el Wonderboy (o Islander), entre otros. Mientras hubiera un tipito corriendo o en patineta sorteando peligros para rescatar a alguien, yo era feliz.
Es ciero, tuve mucha calle: Fútbol y escondidas hasta las 12 de la noche, bicicletear por todo el barrio, hacer quemas de cardos en los lotes baldíos, trepar los árboles, jugar y jugar. Pero ¿no hemos hecho un mito más grande d elo que fue?
Anto: muy buena tu conclusión. Sí, mientras no sea lo único no se convierte en algo pobre y enfermizo.
El gran narrador Osvaldo Soriano, contaba que le encantaba el fútbol, pero que luego corría feliz a leer o a tocar el violín. Sus amigos: seguían pegándole a la pelota. Entonces, él pensaba que era el más piola: porque no se perdía nada de lo que lo hacía crecer y enriquecerse.
Hablando de diccionarios, a mí me hacía delirar el enciclópedico Salvat de tapas rojas y detalles en negro y dorado en sus doce elegantes tomos. Ahí estaban las banderas de todos los países también. Ese diccionario se hizo ultraconocido en las telenovelas porque no había biblioteca de galán o malvado rico que se precie que no contara con estos ejemplares. Es más, en Valientes, el malo de Arnaldo André tiene los estantes tapizados de dichos tomos.
Paula: mis viejos compraron sólo el primer tomo de la Enciclopedia Salvat. ¡Y no completaba la letra A! Pero al final, pordés corroborarlo, traía a todo color y a página completa una foto de la máscara de oro y lapizlázuli de Tutancamón. Yo sabía de oídas de la maldición de dicho egipcio, así que lo miraba y cerraba rápido las tapas rojas con un miedo perverso.
cuantas miradas a la infancia... yo también escribí un poema sobre eso hace poco... me gustó lo de mitologizar el aburrimiento... cuantas veces, cuantas horas perdidas con amigos practicamente mirando el techo, practicamente por el gusto de aburrirse en compañía... en mi mirada hay mas nostolagia, el hecho de estar fuera de mi país sin duda influye mucho en eso...
en fin, buen poema, te invito a conocer mi blog, cuentos y poemas:
http://lacasadelsimio.blogspot.com
Milo: gracias por pasar y dejar un poco de tus recuerdos en esta ciudad donde los deseos no se cumplen del todo, pero al menos se pronuncian. Y sí, los mitos hacen crecer lo pequeño con el tiempo, y mucho más con la distancia.
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